La disyuntiva energética europea

Electricidad

Jaime Batlle
Codirector del Postgrado en Desarrollo Directivo de Negocios Sostenibles de la UPF-BSM
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El precio de la electricidad deriva de una "trampa contable" que el exministro de economía, Rodrigo Rato, otorgó a las eléctricas para establecer el precio de la electricidad en función de la fuente de obtención más cara. Es decir, a partir del gas. 

En aquel tiempo, no se incluía como un Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) limitar la fuente de carbón para la producción de electricidad, algo a lo que se acogió Europa años más tarde en aras de la descarbonización tan necesaria a efectos de la preservación del medio ambiente. Sea como fuere, la "trampa contable" –primero a nivel español, y ahora a nivel europeo–, ha generado enormes beneficios a las empresas eléctricas. 

Antes de la guerra en Ucrania, la inflación ya asomaba, los déficits públicos eran moneda corriente y la crisis de deuda estaba fuera de margen en Europa

Pero el escenario es ahora distinto. La guerra de Ucrania y las consecuentes sanciones económicas al Kremlin han ocasionado que Rusia cierre el grifo de su gas a Europa –muy barato, por cierto– en un momento en el que, con independencia de la invasión rusa de Ucrania, la inflación asomaba, los déficits públicos eran moneda corriente y, todo ello, bajo el escenario de la crisis de deuda de dimensiones difíciles de asumir y fuera de todo margen responsable en el viejo continente y en aras de poder dominar el caballo desbocado en el que la economía europea se estaba convirtiendo. 

Esta es la situación que da como resultado un evidente problema con varias realidades e incógnitas a resolver:

  • Cómo controlar la inflación, generada no solamente por la escalada de precios de la energía (la inflación subyacente está en Europa cerca del 6%).
  • Cómo suministrar energía a Europa a precios razonables para controlar la inflación, mantener la producción y generación del PIB para garantizar un bienestar ciudadano mínimo ante el corte de suministro del gas ruso.

Resolver estos problemas implica adoptar una serie de medidas nada fáciles que suponen manejar complejos equilibrios.

Priorizar la Agenda 2030 o la economía

Ahorrar energía es una premisa que contiene el más elemental sentido común y desvincular el precio de la electricidad derivada de la generada por el gas es otra medida urgente que habría que aplicar, aunque ello suponga eliminar los enormes beneficios para las eléctricas, antaño concedidos. 

Para ello, la decisión es simple, aunque no por ello menos compleja: o bien carbonizar la producción eléctrica en aras de un precio más competitivo pero contrario a las políticas de la Agenda 2030, o bien asumir el elevado coste de la electricidad –producida a partir del gas– con el consecuente impacto económico negativo en un entorno inflacionista y de crisis de deuda generalizado en Europa. 

Escenarios irrenunciables son el ahorro energético y el impulso sin paliativos de las energías renovables y su almacenamiento

La decisión, pues, no es fácil, y en la adopción de la misma asistimos a las fisuras de la solidaridad entre los distintos países europeos que han de adoptarla, mirando cada uno de ellos hacia el interior de sus fronteras y de sus propias necesidades, tanto sociales como económicas. 

En este contexto, vemos con claridad la postura de Francia, interesada en potenciar la energía nuclear, o la de Alemania, interesada en asegurar el suministro de gas a través del gasoducto que pasa por España y garantizar el suministro desde el Magreb (Argelia). 

En cualquier caso, la solución pasa por escenarios irrenunciables y, desde luego, por decisiones complejas que condicionarán el futuro económico europeo a medio-largo plazo. Escenarios irrenunciables son el ahorro energético y el impulso decidido, ya sin paliativos ni demoras, de las energías renovables y su almacenamiento a gran escala.

¿Cuál será el modelo para producir electricidad?

Pero mientras estas dos soluciones no garantizan, hoy por hoy, el suministro y un precio razonable, para seguir generando PIB que permita a la economía europea en su conjunto sortear el difícil contexto actual, es preciso tomar de forma urgente la decisión más compleja: cuál va a ser el modelo para producir electricidad.

La energía nuclear debería ser el modelo mientras no se culmina la transición que coronaran, sin duda, más tarde o más temprano, las energías renovables. 

El papel de España puede ser clave si se consolida como instrumento tecnológico en las energías renovables y como potencia en su almacenamiento y transporte

En este escenario, el papel de España puede ser clave si se consolida como instrumento tecnológico en las energías renovables, donde llevamos una inercia nada despreciable y si nos consolidamos como una potencia en almacenamiento y transporte de energía, dada la infraestructura de la que disponemos. 

Estamos ante una oportunidad interesante si sabemos aprovecharla, pero para ello es preciso, como siempre, tener visión de largo plazo y, sobre todo, cohesión política, en clave interna, que lo haga posible. Esta última condición se antoja la más difícil. 

ODS Jaime Batlle ESP