“Shakespeare fue real, pero el 90% de lo que cuentan sus biografías es ficticio”

“Empecemos con una aclaración: Shakespeare existió, fue real”. Con esta contundencia el editor y traductor Andreu Jaume ha disipado todo tipo de dudas sobre los rumores entorno a la vida y obra del autor más importante de todos los tiempos.

Así lo ha certificado durante el webinar “Y Shakespeare inventó a los humanos”, organizado por el Programa Cultura de la UPF Barcelona School of Management en el marco de las actividades de Sant Jordi y en colaboración con el Institut d’Humanitats. “Hay muchas biografías sobre Shakespeare, pero la mayoría de ellas se basan en un 10% en hechos y en un 90% en invenciones”, ha lamentado Jaume, que ha recomendado el texto de Bill Bryson. “Todo lo que se puede saber sobre Shakespeare lo escribió él”, ha sentenciado.

“Uno de los agravios más grandes que ha sufrido Shakespeare es que se haya dudado de su existencia y de su obra”, ha insistido Jaume, que ha conducido una sesión a través de la Inglaterra isabelina de Shakespeare y de los entresijos de su vida personal que, sin duda, afectaron a sus creaciones.

Del humor a la "dark comedy"

“Shakespeare tuvo que ser un tipo muy divertido: hasta en las tragedias más oscuras hay siempre un golpe de humor”, ha apuntado el crítico y editor, responsable de la edición de la obra completa de Shakespeare en castellano y de la traducción de El rey Lear (Penguin Clásicos, 2016).

Pese a que Shakespeare “siempre tuvo una intuición cómica innata”, le costó adaptarse al dramatismo que predominó durante el reinado de Isabel I y que su contemporáneo, colega y competidor, Christopher Marlowe, tan bien dominó.

“Su vida, la de Marlowe, fue apasionante, teniendo que lidiar continuamente con el rechazo a la homosexualidad; la de Shakespeare, en cambio, fue más cotidiana”. El célebre dramaturgo se casó con Anne Hathaway, con quien tuvo tres hijos: Susanna, Judith y Hamnet. Fue precisamente la muerte de este último, el único varón, con tan solo once años, la que transformó su obra.

The Tempest
La comunidad UPF edita este año la edición bilingüe de 'The Tempest', la última obra de Shakespeare

Poco a poco, Shakespeare fue asumiendo el diálogo trágico en sus obras a través de los dramas históricos. En el siglo XVI, “Inglaterra era una nación que estaba creando su mitología por primera vez, y allí Shakespeare se insertó de forma magistral”, ha relatado Jaume, un camino que le llevó a escribir su gran tragedia: Hamlet.

“El tono va ensombreciéndose a partir de los 40 años del dramaturgo”, ha matizado el editor, que ha añadido: “Había perdido a un hijo, sentía la mordedura del paso del tiempo y eso se nota mucho”. Desde aquel momento, Shakespeare dejó de escribir comedias o escribió lo que se conoce como “dark comedies”.

Tras el esplendor, la despedida

Finalmente, Shakespeare conquistó la dialéctica trágica que tanto anhelaba y que tanto había envidiado en Marlowe, que murió en unas circunstancias extrañas tras ser acusado de ser un espía del gobierno.

El Rey Lear es la mejor obra de Shakespeare y de todo el periodo isabelino”, ha reflexionado Jaume. Sin embargo, tras la muerte de Isabel I, la última monarca de la dinastía Tudor, Shakespeare ya no escribirá ni tragedias ni comedias.

Su última obra en solitario, La Tempestad, actuará como su despedida. “En ella incorpora todos los elementos investigados durante su dramaturgia, convirtiéndolos en un mito”, ha manifestado el crítico y editor, que ha apuntado que la obra funciona como “reconciliación”. Para ejemplificarlo, Jaume ha citado una de las frases más célebres de la obra: “Estamos hechos de la misma materia de la que están hechos los sueños. Y nuestra vida es ensueño”.

Sea como fuere, Shakespeare fue real y su obra todavía nos ilustra en una época, la nuestra, de “apoteosis del ego sobredimensionada en la que todo es biografía y publicidad”, ha manifestado el editor, que concluido: “Bien pensado, no saber mucho de Shakespeare es un descanso”.