La eficiencia económica se conjuga con la social

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Tomàs Rubió
Profesor del Máster en Dirección y Gestión de las Personas en las Organizaciones
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España es el país cuyos resultados económicos están siendo los más afectados por la pandemia dentro de los veintitrés países más desarrollados, según The Economist. La pérdida del 6% en el PIB y una inflación desbocada del 6,7% –por encima de la media de la eurozona–, obligan a una visión más atenta sobre la situación. 

Nuestro sistema productivo tiene importantes ineficiencias y, cuando surge una crisis como la actual, nos castiga con más fuerza

Desde el mundo laboral, una primera aproximación indica que nuestro país no dispone de una estructura productiva lo suficientemente sólida y diversificada como los demás, y ello afecta a la capacidad de adaptación a los innumerables cambios aparecidos. Que nuestro sistema productivo tiene importantes ineficiencias no es una novedad, y tampoco lo es que cuando surge una crisis, nos castiga con más fuerza. Como en anteriores ocasiones, nuestra estructura económica y social provoca que la recuperación de las crisis también llegue más tarde. 

Ayudas europeas

Bruselas ha condicionado las ayudas que España tiene previstas (los 70.000 millones de euros, ampliables con créditos hasta los 140.000 millones de euros) a una serie de reformas que pretenden actualizar nuestro sistema productivo. Directamente, la concesión de los fondos Next Generation EU requieren, en lo laboral, aspectos como reducir el exceso de la temporalidad y el paro; la sostenibilidad de las pensiones; la capacitación de los trabajadores; la promoción de los jóvenes, etc. 

A pesar de que los datos de ocupación de 2021 la sitúan en niveles prepandémicos, las anomalías siguen dominando el panorama en España. Nos referimos, principalmente, a las elevadas tasas de desempleo y de temporalidad existentes. El paro actual está sobre el 14% –que representa el doble que la media europea– y los contratos temporales también duplican las cifras de la UE: un 20% en España versus un 11% de media europea.  

La concesión de los fondos Next Generation EU requieren reducir el exceso de temporalidad y el paro, la sostenibilidad de las pensiones, la capacitación de los trabajadores y la promoción de los jóvenes

Nos encontramos ante una oportunidad de mejorar la vida de los trabajadores (eficiencia social) mediante el reciente acuerdo entre el Gobierno y los agentes sociales (patronal y sindicatos), que han pactado abordar algunos de los desequilibrios estructurales del mercado laboral, consecuencia directa de la aplicación de las fórmulas neoliberales realizadas por el gobierno conservador en 2012.

Avances en la reforma laboral

Lo ahora pactado –recogido en el Decreto Ley 32/2021 y que podría acabar de tramitarse como ley– no consiste en la derogación de aquella reforma laboral, que provocó una huelga general, pues los empresarios mantienen el poder para cambiar las condiciones sustanciales de trabajo, flexibilización y libertad de empresa (eficiencia económica). Pero este nuevo acuerdo está más ajustado a un equilibrio social de estabilidad en el empleo, tan necesario para las familias y los jóvenes. 

Se mantiene la prioridad de aplicación del pacto de empresa, impidiéndole que pueda ir a peor en los aspectos claves de salario y jornada laboral. Así, aquellas empresas que puedan adaptarse a situaciones favorables, podrán ofrecer a los trabajadores unas mejores condiciones y continuar atrayendo talento sin dejar al resto de la plantilla por debajo del mínimo pactado por el convenio del sector. De esta manera, los convenios sectoriales mantendrán unas condiciones mínimas en el sector. 

Lo ahora pactado entre el Gobierno y los agentes sociales trata de dejar atrás la idea de que los salarios bajos facilitados por la temporalidad sean un factor de competitividad

Con respecto a la contratación, la indefinida se basará en el contrato ordinario y los temporales deberán tener una causalidad motivada por sustitución o circunstancias de la producción u oscilación de la demanda. No podrán tener una duración superior a los seis o doce meses, según convenio. En definitiva, se trata de dejar atrás la idea de que los salarios bajos facilitados por la temporalidad sean un factor de competitividad. La variable clave es la productividad que, por otra parte, debe mejorarse por otras vías para alcanzar una mayor competitividad del sistema. 

El futuro de los ERTE

Otro elemento importante pactado será el funcionamiento de los nuevos ERTE, el mecanismo para evitar los despidos en las empresas en crisis, que contará con importantes exenciones de cotizaciones por trabajador. Se trata de los denominados "Mecanismo RED de Flexibilidad" con dos tipologías.

Por un lado, servirá para atender aquellas situaciones de fuerza mayor temporal de origen macroeconómico y coyunturas delicadas (una pandemia, una inundación o la activación de un volcán, por citar causas actuales) y, por otro, se orientará a sectores que se vean sometidos a impedimentos o limitaciones de la actividad, necesidades de transición y recalificación de su personal (cierre de servicios para evitar propagación de la variante Ómicron, por ejemplo). Eso sí, para poder disfrutar de exoneraciones de cotizaciones sociales, las empresas deben cumplir dos condiciones: dar formación a los trabajadores y conservarles el empleo hasta seis meses después. 

La eficiencia económica (competitividad) y la social (amparo laboral) deben poder conjugarse al mismo tiempo par atender las desigualdades experimentadas en las estructuras productivas

Es una muy buena noticia en tiempos de crisis que la predisposición a dialogar se plasme en una normativa equilibrada para todos los protagonistas y que no sea el poder legislativo quién decida por su cuenta, tal como sucedió anteriormente. La eficiencia económica (competitividad) y la social (amparo laboral) deben poder conjugarse al mismo tiempo, tal como la anticipara McKinsey Global Institute quien, en febrero del 2020, publicó un informe sobre la necesidad de formalizar un nuevo "contrato social" para atender las desigualdades experimentadas en las estructuras productivas. 

ODS Tomàs Rubió