La mediación como vía para impulsar políticas públicas LGTBIQ+

Polítiques públiques LGTBI

Maria Munné y Javier Wilhelm
Codirectores de la Cátedra de Mediación Ciudadana
Codirectores del Máster en Mediación Profesional
__

 

La identidad de género se define como la percepción de una persona respecto a su propio género y puede coincidir o no con sus características sexuales. La identidad sexual, por su parte, está íntimamente relacionada con la orientación sexual, entendida como la atracción sexual o afectiva hacia otras personas. 

Los conflictos de identidad no son aspectos a negociar en un proceso de mediación, no son una moneda de cambio en la búsqueda de una solución. Cuando, en un proceso de mediación, hay demandas de renuncias a la identidad de una persona, a menudo nos encontramos con la violencia cultural, enmascarada por la violencia estructural. 

Pensar en políticas públicas que promuevan el bienestar implica diseñar planes de actuación que pongan en valor lo que nos hace personas: las diferencias

Los relatos dominantes que estructuran la vida de las personas y de los grupos en cajas estables que dan seguridad, crean normas, leyes o modelos sociales, normalizan la violencia estructural que ahoga de forma silenciosa y que, de forma contundente, maltrata a los divergentes. 

Gestionar las fobias a través de la mediación

La fobia es la base para la manifestación de una violencia a partir de la construcción simbólica de la violencia cultural. El relato fóbico nos habla de temor, de una angustia, con aspectos obsesivos que no tienen razón de ser, pero que despiertan miedos inexplicables.

Cuando en mediación hablamos de la homofobia, la transfobia y la bifobia, nos referimos a personas, grupos y sociedades que han generado un relato que no permite vivir de manera diversa la exposición física, la atracción sexual, la emocionalidad o el romanticismo. Han convertido la diversidad en perversión sexual, originando grupos fóbicos que, ante el miedo, se permiten validar comportamientos agresivos hacia las personas homosexuales, bisexuales o transexuales. 

Estos comportamientos se manifiestan con rechazos y prejuicios, con falta de aceptación, insultos y lenguaje despectivo, así como intimidaciones, abusos e, incluso, violencia física. Un conjunto de maltratos psíquicos y físicos que hacen que, en muchas ocasiones, la necesidad de ser uno mismo y expresarse como tal conlleve depresión, miedo, aislamiento, desesperanza e, incluso, pueda conducir al suicidio. 

El relato social de odio hacia las vivencias sexoafectivas distintas a la heterosexualidad ha estado y está incrustado en nuestras comunidades

El relato social de odio hacia las vivencias sexuales y afectivas distintas a la heterosexualidad han estado y están incrustadas en nuestras comunidades y todavía resurgen en grupos radicales. 

Y aunque gran parte de la sociedad, cada vez más consciente de la opresión de la uniformidad en la que estamos inmersos, se ha manifestado con contundencia cambiando normativas y leyes -creando así estructuras menos violentas-, la fuerza del relato uniforme sigue dominando. Por tanto, hay que luchar para suscitar nuevas historias compartidas que liberen, sobre todo, a los opresores de sus propios relatos. 

Ser atacado por el miedo de los fóbicos es muy doloroso y hay que actuar. Defender los relatos fóbicos supone entrar en una espiral viciosa de ceguera humana y emocional de la que es difícil escapar sin ayuda.

Políticas públicas para promover el bienestar

En este sentido, desde la mediación trabajamos con ambas partes con comprensión y acompañamiento para ayudar a convertir esta espiral viciosa en una espiral virtuosa. Para entender que no somos mejores, que no hay "mejor"; que no somos peores, que no hay "peor". Que debemos ser lo que queramos o lo que podamos y dejar que los demás sean lo que quieran o puedan ser. La realidad ya es bastante tozuda y ya nos enseña demasiado pronto a aceptar la frustración de aquellos elementos inevitables. No deberíamos aferrarnos a los relatos opresores para reafirmar nuestra identidad y la de nuestro colectivo. 

Cuando en un proceso de mediación hay demandas de renuncias a la identidad de una persona, nos encontramos con la violencia cultural

Es clave que la familia, las amistades, el barrio, el ámbito educativo y de ocio ayudan a valorar que somos únicos, originales e irrepetibles. En palabras del filósofo Martin Buber, "fortalecernos como sociedad y personas implica la incorporación de la diferencia".

La mediación no trabaja solamente en situaciones de conflicto, también es una herramienta que promueve escenarios impensables y que fortalecen a las personas, los barrios, las familias, las organizaciones y la sociedad. 

Convivir en y con la diversidad es uno de los retos más importantes para la democracia: poder vivir con otros, reconocernos en las diferencias, implica superar el diálogo de imposición de unas ideas por encima de las otras. En mediación descubrimos que, quizás, el hecho de aprender a escuchar es más interesante que la suma de monólogos. 

Convivir en y con la diversidad es uno de los retos más relevantes para la democracia. Reconocernos en las diferencias implica superar el diálogo de imposición de unas ideas por encima de las otras

Muchos de nosotros crecimos sin poder explicar quiénes somos, lo que sentimos o pensamos solo por el hecho de no sentirnos parte del grupo heteronormativo. Los sesgos discriminatorios en los que nos hemos criado nos hacen presuponer que todos somos heterosexuales, inteligentes, empáticos y tantos otros prejuicios que nos alejan de los demás. 

Pensar en políticas públicas que promuevan el bienestar implica diseñar una serie de actuaciones en las que se deben planificar encuentros, aprendizajes y experiencias para poner en valor lo que nos hace personas: las diferencias. 

Cada 17 de mayo celebramos el Día Internacional Contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia. Quizás ya sería hora de celebrar el Día de la Diversidad, del Orgullo de ser personas, de la alegría de vivir en ciudades acogedoras y seguras y, en definitiva, celebrar la vida.