Mediación y reconocimiento de la diversidad

Maria Munné
Directora del Máster en Mediación Profesional

 

No juzgar es uno de los principios rectores de la actitud mediadora que aprenden las personas que quieren intervenir profesionalmente en los conflictos de los otros desde la cultura de la paz y el diálogo. Posiblemente es el elemento del saber ser y saber estar más difícil en la profesión de mediador. A la vez, en mi caso, como mediadora es lo que me sedujo por el aspecto de asistencia que comporta esta actividad, y cuidar de la ansiedad que nos despierta el otro. Desde que tengo memoria he vivido esta ansiedad respecto de la mirada del otro, como le pasa a todo el mundo que conozco.

De muy pequeños se nos ayuda a hacer quedar bien la familia y las personas de nuestro entorno. Sentimos constantemente frases como, "vístete para la ocasión"; "hoy tenemos que causar buena impresión"; "ríe cuando te hablen"; "cuando te ofrezcan un caramelo tú lo coges aunque no te guste", y muchas otras que nos dan a entender que es importante la vida en sociedad y la aceptación de los otros para la subsistencia, la economía, el afecto y el amor de los tuyos. Ves que los padres te estiman, pero les es más fácil quererte si gustas al mundo, que tu proyección social puede ser una fuente de orgullo y felicidad para ellos o una decepción. Y dependiendo de los resultados y del nivel de expectativas que han puesto en tí empiezas a ver como irá tu trayectoria y como quieres o puedes intervenir.

Ves que los padres te estiman, pero les es más fácil quererte si gustas al mundo, que tu proyección social puede ser una fuente de orgullo y felicidad para ellos o una decepción

Todos estos pensamientos, con más o menos conciencia, configuran una parte del diálogo interno propio en el recorrido de nuestra identidad. Reduciendo y transformando las ideas del sociólogo belga, Guy Bajoit (2008)[1] decimos que las personas toman decisiones a partir de comunicaciones internas, en general de forma inconsciente estableciendo una comunicación entre aquello que querríamos, que él denominará identidad deseada y aquello que pensamos que los otros esperan de nosotros, lo que él denominará identidad asignada.

Si lo que nosotros deseamos no dista de lo que pensemos que los otros esperen de nosotros, la situación es cómoda y actuamos sin miedo a la mirada externa.

Poniendo un ejemplo muy sencillo, sería la tranquilidad que tengo en un restaurante de pescado y pidiendo una lubina, en este caso estoy en el lugar adecuado y haciendo una acción que se espera de mí.

Cuando lo que quiero hacer creo que no gustará a las personas de mi entorno se inicia un conflicto interno, un conflicto conmigo mismo, que activará malestar y ansiedad

Pero cuando lo que quiero hacer creo que no gustará a las personas de mi entorno se inicia un conflicto interno, un conflicto conmigo mismo, que activará malestar y ansiedad.

Porque la mirada del otro si resuena en mí y se incrusta en el juicio propio, puede ser devastadora y puede generar cuestiones como: Siento capaces a mis padres, o a las personas a quienes amo de mirarme de forma independiente del juicio social mayoritario? Encontraré trabajo siendo como soy y presentándome como me quiero presentar? Cómo me mirarán por la calle? Me harán daño?

A veces y antes de comprobar la respuesta parece más fácil reprimirse, vivir secretamente, por ejemplo la sexualidad propia, muchos lo han hecho y lo hacen. Lo prefieren a enfrentarse con el que dirán y a seguir el deseo propio. Un deseo que no tendría que hacer daño a los otros como ejercicio de libertad y respeto.

Otros han luchado y siguen luchando para abrir la mirada sesgada, que conforma la violencia estructural de nuestra sociedad en que estamos inmersos, y que discrimina a casi todos los sudas integrantes, si lo miráramos atentamente. Son los grupos homogéneos que a pesar de ser miembros de la misma sociedad se atreven valientemente a confrontar el pensamiento dominante , rompiendo con las verdades establecidas, con los prejuicios, con los partidos tomados. El día del Orgullo LGTBIQ abre esta posibilidad de una mirada alternativa, de no juzgar, de respetar, de desear, de estimar, de soñar, de mostrarse e ir aceptando la diversidad humana.

La resistencia al cambio y la creencia que los humanos con muchos aspectos estamos en marcos dicotómicos: homosexual-heterosexual, bueno-malo, evolucionado-involucionado, nosotros-ellos, los de aquí-los de fuera, proviene del arraigo de nuestros prejuicios. A los cuales estamos permanentemente adheridos. La mediación desmiente las falsedades que la diferencia es perjudicial y construye un relato más integrador del nosotros.

El cambio es una cuestión de tiempo, de respeto, reconocimiento, de observación y conservación de los adelantos. Pero sobre todo de alerta a las acciones del aparato económico y social dominante, que rápidamente incorpora los movimientos incómodos a sus intereses para tragarlos, y lejos de permitir abrir la mente, amplía aparentemente su estructura para seguir controlando y continuar manteniendo el poder.

El capitalismo se ha especializado a asimilar cualquier movimiento innovador y crítico en una moda, un nicho de negocio, una actividad lucrativa, desactivando cualquier, espíritu de cambio y transformación.

Un ejemplo de esta asimilación de la cultura dominante de la realidad LGTBIQ es la utilización del pink-washing como estrategia de negocio.

El pink-washing (pintar de color rosa), señala como una empresa, una institución o un estado utilizan la igualdad para "suavizar" otros aspectos que producen precisamente desigualdad (Spade 2010) [2].

Algunos ejemplos conocidos los encontramos en empresas de productos femeninos que tienen efectos nocivos por la salud de las mujeres, pero a la vez obtienen ganancias con la utilización del símbolo del lazo rosa, y lavan su cara apoyando económico por la investigación sobre el cáncer de mama.

En el contexto internacional mencionan la promoción que hace el Estado de Israel de los derechos humanos para las mujeres y las personas LGTBIQ, mientras continúa la guerra con Palestina con bombardeos sistemáticos de destrucción de viviendas civiles causando la muerte de niños y mujeres indefensas.

Formas de aparente apertura y bonhomia que me llevan a recordar la respuesta que dio Johann Galtung, fundador de la educación por la paz, en la conferencia inaugural del penúltimo congreso internacional de la Cuemyc (Conferencia universitaria por el estudio de la mediación y el conflicto) en Murcia el octubre del 2019 [3]al ser preguntado por su opinión sobre proceso en Catalunya. El maestro dijo: "Yo vivo ahora a mis 89 años aquí, me gusta vuestra comida, la temperatura y España es un país fantástico, pero tiene un grave problema y este es la venta de armamento". La respuesta evidentemente no gustó por la incomodidad que comporta mirar la esencia real de los problemas.

Es por eso que uno de los aspectos más apasionantes de la cultura de la paz y de la mediación es que no juzga las elecciones personales, ayuda a manifestarlas, a comprenderlas, las pone encima de la mesa con humanidad. En cambio muestra las manifestaciones de violencia cultural y estructural, cuestionando y desenmascarando los argumentos falaces que el poder quiere ocultar en el armario y que tienen efectos devastadores.

La mediación basada en la cultura de paz es una fuerza para la libertad y en contra de la alienación.

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[1] Bajoit, G. (2008). El cambio social: análisis sociológico del cambio social y cultural en las sociedades contemporáneas. Siglo XXI de España Editores.

[2] Spade, Dean. 2011. Normal Life: Administrative Violence, Trans Politics, and the Limits of Law. Duke University Press

[3] Este año 2021 el organizador de la jornada anual de la Cuemyc es la UPF-BSM desde nuestro Máster de Mediación Profesional y se realizará el 21 y 22 de octubre.