La guerra en Ucrania y la paz social en España

Guerra en Ucrania

Tomàs Rubió
Professor del Máster en Direcció i Gestión de Personas en las Organizaciones
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El inicio de la recuperación económica, que venía sustentada por los bajos tipos de interés, los bajos costes de la energía, un cierto control de la deuda pública y las ayudas de la Unión Europea (UE), se ha visto trastornada por un cambio de realidad. 

Antes de la invasión de Ucrania, los expertos de entidades nacionales (FUNCAS) y europeas, siguiendo las expectativas del momento, auguraban para este ejercicio una inflación media que podría alcanzar el 6,5% y, por supuesto, muy por encima del 2% previsto por el gobierno. Desde las altas instancias europeas se decía que la inflación sería un tema pasajero y que pronto volveríamos a las condiciones de antes de la pandemia. 

El conflicto ucraniano y sus derivadas disparan la inflación, frenan la recuperación de los últimos meses e impacta en todos los mercados, incluido el mercado laboral

A lo que empezó como dificultades en los suministros de chips para las cadenas de producción, se han añadido una serie de nuevos acontecimientos que ponen en cuestión algunos de los elementos propios de la globalización. Los nuevos escenarios para unas sociedades afectadas emocionalmente por la pandemia y por el impacto de la guerra ya no tienen nada que ver con los previstos en un nuevo ciclo expansivo. 

La invasión de Ucrania y sus efectos en el mercado laboral de España

El conflicto ucraniano y sus derivadas disparan la inflación, frenan la recuperación de los últimos meses e impactan en todos los mercados, incluido el mercado laboral. El resultado de reducir el ritmo de recuperación afecta al crecimiento del PIB y del empleo. En el mercado de trabajo, los empleados son los que han tenido peor posición, encadenando crisis desde el 2008, mientras que los empresarios que no sean competitivos desaparecerán. El gobierno tiene que esforzarse en conseguir un pacto entre empresas y trabajadores que equilibre la eficiencia económica y la social. Este acuerdo de país será muy importante para sortear el fuerte crecimiento del coste de la vida. 

Las dificultades económicas y sociales que existían antes de la pandemia no van a verse suprimidas, como mínimo, en los dos próximos ejercicios. En nuestro futuro próximo, el impacto de esta crisis inflacionista sobre la renta y el empleo va a ampliar la brecha de la desigualdad. Y sin ser novedad, son necesarias medidas más efectivas que faciliten la senda de la recuperación, como, por ejemplo, conseguir mejoras en la productividad, la redistribución de las rentas y la contención de beneficios caídos del cielo; establecer políticas de salarios mínimos (SMI); defender la competencia que acabe con el poder de mercado que permite a las grandes corporaciones deprimir los salarios; e impedir la incorporación de nuevas empresas, entre otras. 

El impacto de esta crisis inflacionista sobre la renta y el empleo va a ampliar la brecha de la desigualdad. Son necesarias medidas más efectivas que faciliten la senda de la recuperación

La actual alianza entre España y los Países Bajos para relajar las normas del déficit público para poder aumentar la deuda, puede devolver a la "prima de riesgo" el protagonismo que tuvo en su día. Por eso, y dado que el coste más importante de la guerra lo vamos a tener los europeos, "urge un nuevo Plan Marshall para reducir la dependencia energética de la UE de Rusia", como decía hace unos días el presidente de una de las más grandes corporaciones americanas, JP Morgan Chase & Co. 

Es difícil el escenario económico que se nos presenta, dónde la espiral inflacionista puede alcanzar los dos dígitos en nuestro país. En los últimos días, se ha alcanzado una inflación interanual del 9,8% y una reducción del crecimiento para este año que se aproximará al 4,5% con una probable inflación media al final del mismo de entre el 7% y el 8%. Unas cifras que desdibujan la recuperación y que van a impactar en los próximos acontecimientos económicos y sociales de nuestro país, especialmente a los colectivos más vulnerables, obligando al gobierno español a tomar serias medidas para conseguir una distribución adecuada de los sacrificios que se avecinan. 

La necesidad de llegar a acuerdos transversales

Así las cosas, el gobierno español tiene que diseñar políticas de difícil articulación, como en su día fueron los denominados "Pactos de la Moncloa", de 1977, aunque con la actual composición parlamentaria va a ser más difícil elaborar este tipo de acuerdos. Por otro lado, las negociaciones actuales entre patronal y sindicatos, dentro del marco del Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), tampoco son fáciles. Los sindicatos no están dispuestos a aceptar unos incrementos reducidos de salarios; mientras que los empresarios ofrecen aumentos similares a la inflación subyacente (3,4% para marzo) y al final del período de tres años. 

Se va a tener que trabajar mucho para llegar a un acuerdo sobre las retribuciones y, especialmente, sobre la cláusula de revisión salarial para mantener el poder adquisitivo, que se convierte en el elemento central de las negociaciones

Se va a tener que trabajar mucho para llegar a un acuerdo sobre las retribuciones y, especialmente, sobre el tema de la cláusula de revisión salarial para mantener el poder adquisitivo que, por causa de las expectativas inflacionistas, se convierte en el elemento central de las negociaciones. 

El peor escenario sería el de no alcanzar un acuerdo. Por tanto, hoy el principal reto de nuestros gobernantes es tomar medidas y conseguir un nuevo pacto social entre los protagonistas del mercado laboral, que consiga buenos empleos, mejore las oportunidades y el país alcance mejores niveles de productividad. De lo contrario, las tensiones sociales pueden dispararse y, mediante el populismo político, poner en jaque algo más que nuestro sistema de relaciones laborales. Es decir, la paz social. 

ODS Tomàs Rubió ESP