¿Cómo nos afectan las nuevas condiciones de uso de WhatsApp?

WhatsApp

Ernest Solé
Jefe de Estudios
Profesor del Dept. de Operaciones, Tecnología y Ciencia

 

Por una vez en la vida, un gran número de usuarios de una aplicación se negó a "aceptar las nuevas condiciones de uso" sin siquiera leerlas. Esto tan increíble sucedió en enero de 2021 con la aplicación WhatsApp. Y ahora Facebook, su propietaria, nos invita amablemente a aceptar unas nuevas-nuevas condiciones, adecuadas a la legislación sobre protección de datos de la Unión Europea. Nos invita a ello tan amablemente que, si no las aceptamos, ya no podemos disfrutar de WhatsApp. 

Como en tantas otras oportunidades gratuitas que las grandes corporaciones tecnológicas nos ofrecen como un regalo generoso, WhatsApp acaba teniendo regusto de regalo envenenado. Si hace unos siglos los conquistadores europeos ofrecían quincalla a los americanos de entonces a cambio de su trabajo esclavo y de sus tierras, los americanos de ahora nos la devuelven, consiguiendo que alegremente les demos toda aquella información personal que, de otro modo, no revelaríamos ni bajo tortura, a cambio de la oportunidad de usar compulsivamente aplicaciones que consideramos imprescindibles. 

El mensaje oculto de las nuevas condiciones de uso

Estas nuevas condiciones permiten que Facebook pueda combinar nuestros datos sobre todo aquello que hacemos, desde dónde y con quien en WhatsApp –con todo aquello que Facebook ya sabe y sabrá de nosotros–. Hasta ahora, algunas personas se protegían sin estar presentes en Facebook que, realmente, no es una herramienta muy necesaria. Pero WhatsApp sí que se ha convertido en algo casi necesario para la mayor parte de la población. En todo el mundo, según datos de 2020, hay 2.000 millones de usuarios de WhatsApp: 75 millones en Estados Unidos; 64 millones en Rusia; 48 millones en Alemania; 33 millones en España; 30 millones en el Reino Unido... y 330 millones en India. En China está bloqueado por las autoridades. 

Todos estos datos nos ofrecen una idea del poder que Facebook puede conseguir con el uso de los datos de estos miles de millones de usuarios. El hecho de que China lo haya bloqueado, también, aunque desde otra perspectiva. 

Las grandes corporaciones tecnológicas podrán defender que no quieren convertirse en el Gran Hermano de Orwell, asegurando que pretenden manejar nuestros datos exclusivamente con fines de servicio

Las grandes corporaciones tecnológicas como Facebook, Google o Amazon podrán defender que no quieren convertirse en el Gran Hermano de Orwell, asegurando que pretenden manejar nuestros datos exclusivamente con fines de servicio, publicidad y de mercado. La publicidad personalizada que nos ofrecen las corporaciones tecnológicas de Norteamérica nos pueden ahorrar ver un anuncio desagradable que nos muestre la suciedad de los lavaplatos ampliada y con todos los píxeles, siempre que no hayamos expresado ninguna preocupación por un lavaplatos limpio, pero... ¿Podemos estar seguros de que solo se tratan los datos con fines publicitarios? 

Si nos fijamos en lo que están viviendo nuestros vecinos cada vez menos lejanos, los chinos, donde el gobierno ha impulsado los "ciudadanos por puntos" –que está teniendo una gran influencia en sus vidas de presente y futuro, en su rating de crédito, su empleo, el acceso a la educación superior, etc.– ¿podemos temer que algún día nos lo aplicarán a nosotros con un tono despreocupado como el habitual de los mensajes de estos aplicativos? Ups, algo no va bien... 

Uso fraudulento de las redes

Las victorias electorales de Obama –y las de Donald Trump– tuvieron mucho que ver con los datos y con el uso de las redes sociales. El escándalo de Cambridge Analytics, los robos de datos que son ya frecuentes y que son a menudo escondidos a la opinión pública, los fraudes, el análisis de las barbaridades que podemos poner en Facebook y que las empresas pueden analizar antes de una entrevista de trabajo... nos dicen que todo esto puede ir, y va, más allá de la publicidad personalizada. 

Todos somos corresponsables desde el momento en el que contamos nuestra vida de mil formas, alegremente y sin pensar en las posibles consecuencias negativas

Hemos podido comprobar que hay cierta dosis de agresividad en las redes (Facebook, Twitter, Instagram...), escondida bajo una falsa sensación de anonimato por muchos usuarios, especialmente en ámbitos ideológicos, pero también personales y de imagen. Pero este anonimato solo lo consiguen verdaderamente los bots programados para difundir ciertos mensajes interesados, algunos de los cuales son susceptibles de haber sido la antesala del auge de las ideas fascistizantes, los mensajes de odio, el incremento de la tasa de suicidios e intentos de suicidio entre adolescentes y la dispersión de las mentiras más descaradas.

Es cierto que, hasta hace unos años, cuando empezó el auge de las redes sociales, éramos muy inocentes y aceptamos quincalla como material de oficina. Pero ahora ya hemos crecido, ya conocemos sus usos y consecuencias. Y ya no sirve decir que estas corporaciones son los malos de la película. Todos somos corresponsables desde el momento en el que contamos nuestra vida de mil formas, alegremente y sin pensar en las posibles consecuencias negativas de hacerlo en redes sociales. 

Responsabilidad y legislación

Podemos justificar que, a nivel profesional y comercial, hay que estar presente en LinkedIn, quizás en Twitter... pero hay otros pequeños paraísos donde quizás no tenemos por qué seguir confesándonos con una regularidad que estresaría al cura más vocacional y paciente. Por más que la legislación europea nos proteja un poco más que la norteamericana –ya no digamos, que la china o la india–, empoderarnos vía responsabilidad en el uso de estas pequeñas maravillas es la forma más efectiva de proteger nuestros derechos. 

Para terminar este breve artículo, haré de abogado del diablo. La legislación europea, que protege en mayor medida los datos personales y los usos que pueden hacerse de ellos, no permite un desarrollo tan potente de tecnologías de inteligencia artificial, que se basan en el uso masivo de datos. Por este motivo, los Estados Unidos y China hace tiempo que nos pasan la mano por delante con estas tecnologías. El tiempo y la evolución de las libertades a cada entorno geográfico nos dirán quién ha tomado las mejores decisiones en este ámbito.