Resilencia y gestión del futuro: porqué nos interesa

Juan Luis Fernández
Director del programa Talent Management: Dirección Estratégica del Talento de la UPF Barcelona School of Management
Socio Fundador y Presidente Ejecutivo de Manum Consulting Group

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El futuro ya no es lo que era porque, entre otras cosas, llega cada vez antes y nos pilla cada vez más desprevenidos…y desarbolados.

Durante los últimos 30 años me he dedicado a estudiar la excelencia humana y cómo el individuo es capaz de acceder a la voluntad y a sus increíbles recursos para dar lo mejor de sí mismo. También hemos desarrollado muchos proyectos para optimizar el liderazgo que establece y moldea una cultura constructiva de éxito que permite crear entornos en la que la suma total es mayor que la de los individuos solos. Y a todo esto, en la mitad del viaje, la amenaza de la muerte, la enfermedad nos vuelve a demostrar en esta crisis del Covid 19 lo pequeños e indefensos que somos y que lo prácticamente invisible se vuelve poderoso, haciendo muy verdadera aquella expresión que “la vida es lo que te pasa, mientras vas haciendo planes”.

Y ¿cuáles son los recursos materiales o fuerzas personales que mueven la voluntad de los seres humanos y nos permite adaptarnos a las presiones más intensas sin rendirnos y vencer las desgracias que inevitablemente nos depara la vida?

Necesitamos acudir a aquellos ingredientes y características que nos ofrecen la poderosa capacidad de encajar, resistir, reforzar y superar la adversidad y el cambio disruptivo que nos deja a veces casi sin pensar y nos paraliza o aturde para seguir adelante con paso firme en nuestra existencia. La vida, queramos o no, nos va a propinar golpes bajos, algunos de ellos insoportables y otros previsibles. Pero sabemos que cuando afrontamos adversidades lo más común y normal es superarlas, y casi siempre salimos mejor de lo que hemos entrado, aunque durante el trayecto nos invada ese torrente de emociones negativas como el cabreo, la ira, la tensión, el sufrimiento, la desdicha, la culpa o la desilusión.

La resiliencia se puede aprender, desarrollar y experimentar y es una caja de herramientas que, como el cajón de las medicinas que tenemos en casa, debemos tener a mano. Aunque ya te digo que muchas de estas drogas son buenas para una posología diaria con el objetivo que el cuerpo, la mente y el corazón estén preparados para la supervivencia, la adaptación y la superación.

Este sencillo patrón demuestra que la interconexión de este conjunto de siete capacidades conduce a una resiliencia sostenible con la que podrás recuperarte rápidamente de los contratiempos y situaciones adversas. 

En nuestros tiempos del “todo rápido” y del “aquí y ahora” es fundamental cultivar hábitos y andamios mentales resistentes para enfrentarnos al mañana sin miedo, ni impotencia y mirar a la incertidumbre con valentía, sabedores que al final, como decía Woody Allen “nadie sale con vida de este mundo” y que el camino tiene tanta importancia como el destino, que, para algunos de nosotros, y tu también lo puedes elegir, es el inicio de una Vida con mayúscula. De todos los modelos que he tenido ocasión de trabajar sin duda el de las psicólogas investigadoras Tweedy y Wright siempre me ha parecido el más sólido y robusto. Este sencillo patrón demuestra que la interconexión de este conjunto de siete capacidades conduce a una resiliencia sostenible con la que podrás recuperarte rápidamente de los contratiempos y situaciones adversas y permanecer flexible y versátil para enfrentarte a los desafíos vitales y continuar creando una vida enriquecedora, para ti y para los que te rodean.

Déjame que de modo sintético y sencillo te apunte el contenido de cada una de ellas:

  1. DETERMINACIÓN: Sabes lo que quieres en la vida, lo que para ti tiene significado y propósito y luchas para llevar adelante tu PEP (Plan Estratégico Personal)
  2. AUTOCONFIANZA: Sabes que tus recursos internos son fuertes, que la autoestima es básica para la vida y que tu voluntad se manifiesta en las acciones que hagas, que dependen de ti, sustentadas en la arquitectura de un diálogo interno sano y capacitador.
  3. VERSATILIDAD: Sabes navegar en la ambigüedad, en la incertidumbre y en el cambio permanente, conociendo que tu brújula esta marcada por esos valores que huyen de la mediocridad moral y ética y de esa vida con atajos que siempre te acaban llevando al lugar donde nunca quisiste ir.
  4. PERSEVERANCIA: Sabes utilizar cada desafío, reto, problema o dificultad en una oportunidad para aprender. Te enfocas en la resolución del problema y tomas las decisiones que sean, enfocando tu energía para obtener lo mejor.
  5. CONEXIÓN: Sabes que “la seguridad de la cueva” es un refugio débil. Al final somos seres sociales que necesitamos dar y recibir amor y que nuestra verdadera identidad se conforma en la interacción con los demás. Nada sustituye el contacto humano “mirando a los ojos y al corazón” con esas personas que tienes a tu alrededor, con quién puedes compartir ideas, preocupaciones y sentimientos.
  6. OPTIMISMO: Sabes inteligentemente seleccionar lo positivo de cada situación, persona y actitud y que el futuro acabará siendo bueno, porque eres un adalid de la Esperanza. Entiendes que los errores y los fracasos son una verdadera escuela para aprender, obligándonos a proyectarnos más allá de las circunstancias que ahora nos pueden rodear y que lo que tiene que acontecer, en muchas ocasiones, será mejor que el presente que queremos olvidar.
  7. AUTODISCIPLINA: Gestionas tus emociones y controlas con sabiduría tus impulsos y te aseguras de mantener tu bienestar de forma sistémica través de la energía física, mentar, emocional y espiritual

Y para acabar, nunca, nunca, nunca renuncies a la libertad que es habitualmente vendida y como “manto de seguridad” te brinda el Estado, siempre interesado, lento y miope más allá de los próximos cuatro años, y no siempre guiado por convicciones morales sanas.

Y nunca, nunca, nunca te dejes aplastar por la confusión del adentro y el afuera. Asume la responsabilidad de tus pensamientos, emociones y convicciones y coge con fuerza el timón de tu vida. Esfuérzate cada día por tratar a los demás con generosidad, preocupándote de ellos y arrincona tus prejuicios no cerrándote a los retos de lo que está por venir.

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