Covid-19 y perspectivas de futuro: ¿un nuevo Plan Marshall?


Carles Pont

Jordi Perramon
Director del Máster Universitario en Gestión Financiera y Auditoría de la Empresa en la UPF-BSM

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El efecto del covid-19 está siendo devastador para las empresas que requieren de contacto físico para generar ingresos. La pandemia no las discriminado según su tamaño, sino según su actividad

Perspectives econòmiques

El efecto del covid-19 está siendo devastador para aquellas empresas que requieren de contacto físico para generar ingresos. Por desgracia, este es el caso de buena parte de la economía española, que necesita mayor diversificación y más industria tecnológica y de alto valor añadido para poder competir mejor con el mercado global. La covid-19 no ha discriminado las empresas según su tamaño, sino según su actividad.

Como se puede observar a continuación, su efecto sobre las empresas cotizadas, tanto en el ámbito de facturación (disminución del 18%) como en el ámbito de EBITDA (disminución de un 45%) ha sido generalizado, con excepción de las empresas farmacéuticas, las de alimentación y las industrias de alto valor añadido.

Figura 1

En el grupo de empresas afectadas por la pandemia, algunas saldrán más reforzadas de esta crisis, mientras que otras no sobrevivirán. En general, las que tendrán más problemas para continuar con su actividad son las que cumplen con estas tres condiciones:

  • Empresas poco digitalizadas y con poca capacidad para digitalizarse (esto afectará más a las PYMES que a las grandes empresas si no reciben financiación para hacerlo).

  • Empresas poco prudentes y con demasiada deuda.

  • Empresas que no tienen la propiedad de sus activos no corrientes.

Perspectivas económicas y empresariales a corto y medio plaza

Las perspectivas económicas de España por parte de los principales organismos internacionales (FMI, Comisión Europea, Banco Mundial) para 2020 muestran una caída de un 12,4% del PIB del 5,4% y del 4,8% para 2021 y 2022. Estas perspectivas se pueden observar en la Figura 2.

Figura 2

Los datos anteriores son desiguales según los países analizados. Una de las evidencias empíricas que tenemos en estos momentos es que, en términos generales, los países que han estado más proactivos y beligerantes con el virus han sufrido menos impacto en el PIB que los países que han tenido una actitud reactiva. En este sentido, a pesar de la pandemia China cerrará 2020 con un crecimiento del PIB del 1,9% mientras que Taiwán y Corea del Sur lo harán con un crecimiento del 0,1% y un decrecimiento de tan solo el 1,9%.

La confianza y un nuevo plan Marshall

Que los resultados reales sean mejores o peores que las previsiones anteriores dependerá, básicamente, de dos variables:

  • La confianza del consumidor

  • Cómo se usen los planes de ayudas europeos

La confianza del consumidor dependerá del éxito científico de la vacuna, del éxito logístico del proceso de vacunación y del número de personas que decidan vacunarse. En épocas de riesgo el consumidor opta por el ahorro, que ha logrado cuotas máximas estos últimos meses. En épocas de confianza, el consumidor opta por el consumo y la inversión, algo que afecta positivamente en el conjunto de la economía. Por tanto, los resultados reales mejorarán o empeorarán las previsiones dependiendo del éxito del proceso de vacunación.

Mientras no llega la vacuna, los dirigentes políticos deben centrarse en frenar el cierre de empresas, ya sea con ayudas directas o dándoles liquidez

A medio plazo, el éxito dependerá no solo de que la economía vuelva a su estado natural, sino también de cómo se utilicen las ayudas europeas. España recibirá 140.000 millones de euros de la Unión Europea para hacer frente a la crisis derivada del covid-19. Una parte de esta cantidad, 72.700 millones de euros, serán concedidos en forma de transferencia directa después de que el Gobierno presente su Plan de Recuperación en la Comisión Europea.

Estas ayudas, siempre que sean correctamente aplicadas, representan un auténtico Plan Marshall para la economía española y son una oportunidad única para decidir en un plan estratégico cuál ha de ser la sociedad y la economía del futuro. Debería ser un proceso transparente, descentralizado y abierto al máximo número de agentes económicos posibles, ya que representa una oportunidad irrepetible para abrazar en el futuro.

Mientras no llega la vacuna, ni la confianza, ni las ayudas, los dirigentes políticos deben centrarse en frenar el cierre de empresas, ya sea con ayudas directas o dándoles liquidez. Nada hace pensar que falte demasiado tiempo para conseguir volver a una nueva normalidad.

El futuro no será un retorno al pasado

Algunos cambios que ha provocado la pandemia serán normalizados por la sociedad. Esto hará que, con esta nueva normalidad, incluso dentro de un mismo sector, afecte de distinta forma a las empresas. Por ejemplo, cuando se haya encontrado la vacuna, volveremos a ver restaurantes y cafeterías abiertos en su horario habitual. Pero es posible que aquellas empresas que dependían de la presencialidad en los puestos de trabajo como, por ejemplo, las cafeterías y restaurantes que están alrededor de grandes edificios de oficinas no recuperen la facturación previa, ya que el teletrabajo posiblemente se insertará en la nueva normalidad. En cambio, es posible que las cafeterías de proximidad no solo recuperen la facturación, sino que hasta incluso la incrementen. Lo mismo sucede con otros sectores, desde la educación (las universidades más digitalizadas tendrán más posibilidades de éxito) a la industria de la moda (las empresas de ropa online han salido muy reforzadas de esta crisis). Es posible, incluso, que la digitalización llegue a sectores hasta ahora inabarcables como la sanidad.

Es posible que aquellos comercios que dependían de la presencialidad en los puestos de trabajo no recuperen la facturación previa, ya que el teletrabajo posiblemente se insertará en la nueva normalidad

Nuestros gobernantes, locales o estatales, deben centrar sus esfuerzos en la digitalización de las empresas y los comercios de su ciudad, comunidad o país.

Esto permitiría a las empresas protegerse a escala local ante la entrada de colosos ya del todo digitalizados y hacerles competir de forma global ante la posibilidad de lograr escalabilidad en sus operaciones y de abrirse a nuevos mercados en un mundo global. De cómo se usen los fondos europeos de recuperación depende el éxito económico del país a medio plazo.