La mediación, la solución para la restauración


Maria Munné

Maria Munné
Directora del Máster en Mediación Profesional de la UPF Barcelona School of Management

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La mediación es, posiblemente, una de las propuestas más inteligentes para la problemática que se está viviendo. Ahora bien, se necesitan buenas condiciones de inicio y respeto a la tarea fundamental en un conflicto social conjunto

Utilizar la mediación como sistema de resolución del conflicto entre el sector de la restauración y el Gobierno con el objetivo de llegar a un consenso es, posiblemente, una de las propuestas más inteligentes para la problemática que se está viviendo.

El Gobierno ordenó el viernes el cierre de bares y restaurantes sin esperar a la decisión judicial del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC). La Federació Catalana d'Associacions d'Activitats de Restauració i Musicals (Fecasarm), así como los diferentes gremios afectados, se oponen a las órdenes de la Generalitat y ya han avanzado que recorrerán la medida en el TSJC. Piden un plan de rescate del sector. 

Pere Aragonès, vicepresidente en funciones de presidente de la Generalitat, anunció ayudas para el sector como una dotación inicial de unos 40 millones de euros y una línea de avales extraordinaria para cubrir necesidades de liquididad y tesorería a partir de 12.000 euros. Los implicados creen que es una miseria, ya que han calculado que les toca a 1.000 € por local, una cantidad que consideran un escarnio. 

Ahora tenemos un conflicto entre la Generalitat y el sector de la restauración, y un posible enfrentamiento entre los poderes ejecutivo y judicial. Pero, a su vez, se abre una oportunidad para la mediación y el diálogo

La mediación no es un sistema autoritario, no da soluciones ni ultimatos. No tiene la apariencia de un sistema basado en la fuerza ni en la contundencia, sino que la mediación tiene un elemento mucho más punzante y potente que la fuerza: mostrar la realidad de la problemática. Impregna la relación entre las partes de análisis y la sensatez de poder mirarla y, a partir de aquí, buscar consensos y nuevas soluciones. 

No permite que las partes se pasen la "patata caliente" de una situación sin responsabilizarse realmente de las consecuencias. ¿Alguien piensa que los restauradores quieren que la población enferme? ¿Alguien piensa que hay un complot para hacer desaparecer los restaurantes y los bares de nuestra casa? Está claro que no. De este modo, ya tenemos el terreno para el diálogo y el pensamiento. Porque lo que hace falta es pensar. Cuando pensamos y compartimos nuestros pensamientos, disminuye la paranoia en el conflicto que, en estos momentos, es muy elevada y proyectada totalmente en otro. 

Tenemos el terreno para el diálogo y el pensamiento. Porque lo que hace falta es pensar. Cuando pensamos y compartimos los pensamientos, disminuye la paranoia en el conflicto que, en estos momentos, es muy elevada y proyectada totalmente en el otro

El maniqueísmo de la separación entre buenos y malos impide hablarnos y reunirnos. En este caso, comporta unas víctimas sociales como los camareros, todos los trabajadores de este ámbito y todo el sector económico que lo rodea. Un sector que el poder trata de naturalizar pero que la población cuestiona.  

Ante esta situación que tiene y tendrá un coste para todos, es necesario repartir los prejuicios. Si se debe proteger la salud de todos y un sector va a quedar más afectado por ello, es un deber colectivo repartir el coste del daño. Será necesario que el personal laboral pueda seguir teniendo un salario. Debemos aprender de esta pandemia que la gestión del conflicto y sus soluciones son cosa de todos, de verdad, no con declaraciones de palabras bonitas y confusas, propuestas unilaterales que los afectados no entienden ni saben cómo se materializan. 

La mediación es un proceso hecho a medida para cada problema y para una sociedad interrelacionada que sabe que cada movimiento tiene repercusiones en lo global. Esto significa que debemos estar dispuestos a participar en la solución. La responsabilidad del poder y del gobierno es ayudar a repartir equitativamente estas cargas y, para hacerlo, es necesario hablar, escuchar, analizar, pensar, mediar y negociar. 

En la problemática que la pandemia añade sobre la restauración, la mediación propone sentar a las partes a hablar y a pensar juntas aún y tener pensamientos distintos. Las partes implicadas son el sector de la restauración, el ámbito sanitario y sus entornos, toda la población, el Gobierno y las partes que puedan aparecer a partir del proceso de mediación y con las que quizás no se había contado. 

La intervención debe promover reuniones sectoriales e intersectoriales para ir al detalle de las cuestiones. Por ejemplo, tal como han manifestado personas que trabajan en restaurantes, se podría abrir los mediodías cuando la gente tiene un tiempo concreto y no se relaja, ya que vuelven a sus puestos de trabajo otra vez y, en cambio, cerrar por las noches. Servir comidas y no cenas. 

La mediación es un proceso hecho a medida para cada problema y para una sociedad interrelacionada que sabe que cada movimiento tiene repercusiones en lo global. 

Es necesario aceptar que cada sector requiere distintos representantes, ya que a menudo las dificultades en las negociaciones son debidas al hecho que solamente existe un representante. 

Los procesos de mediación son flexibles e incorporan distintos actores a partir de su evolución. Se pueden dar varios procesos en paralelo y terminar con una mesa de consenso para todas las partes implicadas. La mediación requiere tiempo, espacio, actitud profesional y motivación de las partes. Esta inversión inicial es un requisito para cuidar el proceso de mediación, que a menudo ha estado mal utilizado por las partes con el fin de hacer fracasar sus objetivos

Como decíamos al iniciar el texto, este proceso de mediación es posiblemente el más inteligente de los métodos para resolver esta problemática, pero se necesitan buenas condiciones de inicio y respeto a la tarea fundamental en un conflicto social conjunto.

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