¿Tenemos plan de desconfinamiento? Estrategias para hacer frente a la crisis sanitaria y económica

Salvador Estapé
Profesor de la UPF Barcelona School of Management
Vicedecano de profesorado

El confinamiento total y el distanciamiento social difícilmente podrán mantenerse durante muchas semanas más. Hay quien ya habla de la necesidad de adoptar una estrategia de transición para evitar entrar en una recesión profunda a largo plazo. 

El confinamiento total y el distanciamiento social difícilmente se podrán mantener durante muchas semanas más. Algunos autores italianos han propuesto recientemente la necesidad de adoptar una estrategia de transición para evitar entrar en una recesión profunda a largo plazo. La fase de transición sería aquella, una vez el sistema sanitario saliera de la congestión crítica, donde todavía una fracción muy grande de la población sigue sin ser inmune, con el riesgo de una nueva oleada de infecciones (1).

La estrategia de transición que nos proponen estos autores conlleva una serie de medidas para reactivar la actividad económica, sin entrar en políticas macroeconómicas complementarias. Este estrategia de actuación supondría que los jóvenes entre los 20 y 50 años volvieran a trabajar de manera voluntaria, ya que son el grupo de población con una tasa de mortalidad más baja y una menor necesidad de asistencia sanitaria. Todo el mundo, o una muestra suficientemente grande, de los que volvieran al trabajo deberían estar en observación, haciéndose tests frecuentemente. Si se infectaran, tras la recuperación, deberían recibir pruebas serológicas para determinar si son inmunes. Las pruebas masivas de los jóvenes que volvieran al trabajo ayudarían así a responder a muchas preguntas sobre el virus. Aquí, por ejemplo, recientemente el investigador sobre enfermedades infecciosas Oriol Mitjà ha propuesto la creación de un DNI vírico para cuando termine el confinamiento. En Alemania se podrían emitir miles de "certificados de inmunidad" de coronavirus para que la gente pueda salir del confinamiento antes de tiempo.

Esta estrategia de actuación supondría que los jóvenes entre los 20 y 50 años volvieran a trabajar de manera voluntaria, ya que son el grupo de población con una tasa de mortalidad más baja y una menor necesidad de asistencia sanitaria.

Aquellos que volvieran a trabajar progresivamente deberían distanciarse de las personas de edad más avanzada y de los grupos de riesgo. Para ello tendrían que permanecer en aislamiento, trasladándose a vivir temporalmente a los hoteles que actualmente están vacíos. Una vez inmunizados podrían volver a casa. Los autores también proponen incentivar estos jóvenes, por el riesgo que corren y por el malestar de estar separados temporalmente de sus familias, permitiéndoles, por ejemplo, participar de los beneficios de sus empresas o reduciéndoles la carga fiscal.

Mientras este gente va volviendo al trabajo, hay que seguir teniendo cuidado de garantizar que los niños siguen los estudios desde casa, asistidos por un adulto. La educación a todos los niveles debe continuar haciéndose a distancia el tiempo que sea necesario. Además los jóvenes que vuelvan a trabajar (así como el resto de la población) deberían recibir aplicaciones para teléfonos inteligentes para hacer un seguimiento inmediato del contagio.

La selección de empresas que deberían reanudar la producción y de los empleados correspondientes para volver a trabajar debe hacerse racionalmente. Una vez identificados los sectores y las empresas estratégicas para reanudar las actividades, se debe identificar el conjunto mínimo de empleados necesarios para ponerlos en condiciones de trabajo, teniendo en cuenta que los trabajadores mayores y expertos todavía pueden trabajar en contacto telemático con el personal joven.

La selección de empresas que deberían reanudar la producción y de los empleados correspondientes debe hacerse racionalmente. Asimismo, se deberían diseñar herramientas fiscales redistributivas y programas de integración para las empresas sin actividad.

En un caso de emergencia como este, es de suponer, las empresas que continúen o reanuden la producción obtendrían beneficios importantes y sus trabajadores seguirían cobrando salarios, mientras que otras empresas y trabajadores podrían quedarse sin actividad, facturación, beneficios ni salarios. Por lo tanto deberían diseñarse herramientas fiscales redistributivas y programas de integración de resultados para aliviar estas disparidades durante la transición.

Finalmente, con las modernas cadenas de valor globales, muchos, si no todos los sectores, dependen del comercio internacional, dentro y entre empresas. La estrategia descrita anteriormente funcionará mejor si muchos países la adoptan. 

La estrategia funcionará mejor si muchos países la adoptan. Estas medidas, en caso de ponerse en marcha, requerirían de un enorme esfuerzo de coordinación internacional.

En definitiva, se trata de una estrategia con medidas inimaginables hace sólo unos meses en países de nuestro ámbito económico occidental y que, en caso de ponerse en marcha, requerirían de un enorme esfuerzo de coordinación internacional.

(1) Andrea Ichino, Giacomo Calzolari, Andrea Mattozzi, Aldo Rustichini, Giulio Zanella, Massimo Anelli, Stopping COVID-19 without killing the world economy: a transition strategy,  March 25th, 2020. www.euideas.eui.eu

 

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