¿Es posible adaptar la formación presencial aprovechando los recursos online?

Carles Murillo Fort

Director del Máster en Negocios Internacionales de la UPF Barcelona School of Management.

 

 

¿Os dice algo "La ruta de la seda"? Pues bien, "La ruta de la seda" (una red de más de 8.000 km de ruta comercial entre Asia y Europa, novelada por Baricco) da cuenta de cómo salir de una crisis con imaginación y esfuerzo. Es 1861 y por toda Europa se extiende la pebrina, una epidemia que causa la muerte de los gusanos de seda. El protagonista, Hervé Joncour, emprende un largo viaje para resurgir y reinventarse. Así se inician los viajes de Hervé Joncour hacia un nuevo mundo.

Bueno, la pandémica del Covid-19 nos abre ahora la puerta a nuevos mundos. Y yo me pregunto, ¿qué pasa con el sector de la educación superior?

¿Cuál es el viaje que debe emprender? Acerca de este tema quisiera formular en voz alta dos preguntas asociadas de alguna forma a la crisis actual: ¿Trasladamos, sin más, el sistema de la formación online a la presencial?  ¿Qué hacemos del modelo Bolonia?

Permitidme que, por un momento, haga una breve excusión al sector productivo. Muchas empresas han reproducido comportamientos de éxito de otros sectores y países. Este es el caso, por ejemplo, del sector de la automoción en Japón y Corea del Sur. Sin embargo, la importación de ideas brillantes en un contexto geográfico determinado no siempre ha dado los frutos deseados. Recordemos, por ejemplo, cómo una conocida franquicia del sector de la restauración se vio obligada a cambiar el color de los paraguas de las terrazas en su primera incursión en China. Tomando como referencia lo que sucede en el mundo de la empresa, opino que lo que resulta más adecuado en adaptar más que imitar y trasladar modelos.

En el ámbito de la formación, como en la mayor parte de los sectores económicos, los avances tecnológicos han transformado modelos y procedimientos. La formación superior no es ajena a dicho fenómeno. La calificada inicialmente como formación a distancia empezó trasladando sencillamente los recursos pedagógicos usados en las aulas a formato papel y comunicación por correo (postal y luego electrónico). Poco a poco los cursos online han desarrollado sus propias herramientas como, por ejemplo, estas que de repente hemos hecho nuestras en estas últimas semanas y que forman parte ya de “nuestra familia”. La formación presencial también ha evolucionado: hemos cambiado la pizarra por el retroproyector de transparencias y, luego, por las presentaciones Power Point pero, sobre todo, ha aparecido en escena la combinación de clases magistrales y seminarios. La realidad arroja, cuando menos, algunas dudas sobre el resultado de ambos modelos.

Estoy convencido que la crisis facilitará, entre otras cosas, la evolución de la formación presencial clásica. Este tipo de formación virará hacia otro modelo que aproveche mejor los recursos pedagógicos disponibles y, muy especialmente, aquellos que ya han demostrado su capacidad y han sido usados con éxito en la modalidad online.

En concreto, es preciso repensar la docencia presencial teniendo en cuenta, por lo menos, los siguientes aspectos:

  1. Aprovechar la experiencia y la evolución de la formación online para ponerlas al servicios de los cursos presenciales.
  2. Acercar aún más (también virtualmente) a profesores y participantes. 
  3. Reducir el número de horas de las sesiones de aula y, en su lugar, hacer más trabajo dirigido y tutelado.
  4. Redefinir los sistemas de evaluación de conocimientos para hacerlos definitivamente más ligados a las competencias.
  5. Adaptar el sistema de retribución del trabajo del profesor al nuevo modelo.

En definitiva, cero que estamos en un buen momento para hacer cambios a mejor y para ello puede servirnos el lema “importar con sentido en lugar de copiar sin adaptar”. Todos saldremos beneficiados.

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