En las empresas, ¡prevención, prevención, prevención!

Fernando G. Benavides
Director del postgrado en Salud Pública de la UPF-BSM
Investigador del Centro de Investigación en Salud Laboral (CiSAL: UPF-IMIM)

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La economía importa, también a la salud pública. Es un falso dilema contraponer la salud y la economía. Ambas son partes de una misma realidad.

Millones de personas están volviendo a sus lugares de trabajo en estos días. El objetivo ahora es doblegar la curva de la crisis económica. Paulatinamente, con mucha precaución, hemos de reactivar la economía. Porque la economía importa, también a la salud pública. Es un falso dilema contraponer la salud y la economía. Ambas son partes de una misma realidad. Los salarios constituyen la principal fuente de ingresos de la inmensa mayoría de los ciudadanos; y los impuestos y cotizaciones que pagan los trabajadores y las empresas son la base de nuestro Estado de bienestar. Lo que nos permite disponer de un sistema sanitario del que tan orgulloso nos sentimos, y con razón. Fue necesaria parar la economía. Fue una decisión que ahora ya sabemos con certeza que había que hacer, quizás antes. Entonces había mucha duda. Una lección aprendida que nos servirá para la próxima crisis sanitaria. Pero ahora es hora de volver.

Una vuelta que hay que hacer con mucha prudencia y objetivos bien definidos. Hemos de evitar los rebrotes, y la temida vuelta a tras. Por eso la gran preocupación es que el lugar de trabajo constituye, junto al transporte público, la principal fuente de contagio. Un contagio que es muy probable, pues el porcentaje de las personas inmunizadas, que haya pasado con éxito la infección, sintomática o asintomática, es muy pequeño. Los resultados preliminares del primer gran estudio liderado desde el Centro Nacional de Epidemiologia nos dicen que solo es el 5% para el conjunto de España. Muy lejos del 60% y 70% que nos daría una inmunidad de grupo efectiva. 

Ante esta situación, algunas empresas proponen realizar pruebas diagnósticas, que van desde el famoso PCR, para ver si hay ARN del virus: está infectado; o por el contrario par ver si ya hay anticuerpos en sus diferentes expresiones, las famosas IgM, IgA y la más deseada IgG: está inmunizado. Las grandes empresas se han puesto a hacer estas pruebas, algunas a todos los trabajadores, sea sintomáticos o no. En este rio revuelto, y con información confusa, algunos vendedores de “soluciones definitivas” ofrecen estas pruebas, algunas ellas de dudosa fiabilidad. Las pequeñas empresas, el 95% de las empresas del país (3,5 millones) son de menos de 10 trabajadores, miran la situación con estupor.

Estas pruebas, sin embargo, solo dan tranquilidad, pero no seguridad. Aún sabemos poco de la inmunidad que nuestro organismo puede generar frente al virus. Hoy no sabemos cuánto tiempo duran la inmunidad de los que ya han pasado la infección. Además, si hoy la PCR me da negativa, pero mañana me contagio en casa o en el bus, y en unos días estoy infectado y sin síntomas, la pregunta es: ¿me harán la prueba cada semana? Pero, es más, y si hoy soy positivo, ¿qué debó hacer yo y las personas que han estado en contacto conmigo? Por último, la empresa que ha detectado el caso positivo ¿avisará a los servicios de epidemiología y de atención primaria para iniciar el aislamiento y volverme a hacer otra prueba a las 14 días? Ante tanta incertidumbre, la recomendación de las autoridades de salud pública hoy es clara: hacer pruebas solo a las personas que presentan síntomas, y estudiar a los contactos estrechos de estos casos. Una tarea ingente que está encomendada a los sanitarios de la Atención Primaria en coordinación con los servicios de salud pública territoriales.

Lo más efectivo son las medidas preventivas. Es la solución más eficaz para contribuir a evitar los posibles rebrotes y recuperar con vigor la economía.

Las empresas, y los autónomos, necesitan con urgencia dar seguridad a los clientes, y a sus trabajadores. Una condición sine qua non para recuperar la economía. Ante esta imperiosa necesidad, y en medio de la incerteza de las pruebas, la respuestas no es otra que prevención, prevención, prevención. En España, desde 1995, siguiendo una Directiva europea de 1989, todas las empresas, independiente de su tamaño, deben tener un Servicio de Prevención de Riesgos Laborales (SPRL), en sus diferentes modalidades. Efectivamente, los miles de profesionales de los SPRL constituyen los recursos que necesitan las empresas para planificar y gestionar la prevención frente a la Covid-19. Desde la reorganización de las tareas para garantizar la distancia física para evitar los contactos estrechos a la selección y formación para la utilización de los equipos de protección individual más adecuados, pasando por garantizar las medidas básicas de higiene. Además, en los SPRL hay médicos y enfermeras especialistas en medicina del trabajo que deben coordinarse con los servicios de salud pública y atención primaria para identificar los casos y estudiar los contactos. Casos y contactos que deben ser aislados, y notificada su incapacidad temporal profesional (no enfermedad común). Algo nada menor para proteger la economía de las personas que quedan confinadas.

En resumen, y aquí hay unanimidad entre los expertos, lo más efectivo son las medidas preventivas. Es la solución más eficaz para contribuir a evitar los posibles rebrotes y recuperar con vigor la economía. Objetivos compartidos por todos.

Artículo publicado en El Mundo

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