Las elecciones de la pandemia


Carles Pont

Carles Pont
Director del Máster en Comunicación Política e Institucional UPF-BSM

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Puede haber variables que alteren los resultados finales como, por ejemplo, una más alta abstención y un incremento del voto por correo. Pero el factor que puede modificar mayorías será la gestión de la pandemia

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Las elecciones al Parlament de Catalunya tienen fecha en aproximadamente tres meses, el 14 de febrero de 2021. La convocatoria se realizará solo si el Covid-19 lo permite y si la situación epidemiológica no ha empeorado. Si las restricciones son severas, se dibujan dos escenarios con consecuencias inciertas. Que se pospongan los comicios, tal como pasó en el País Vasco y en Galicia, o que se mantengan con estrictas medidas de seguridad. Situados en este último punto, puede haber variables importantes que alteren los resultados finales. Por ejemplo, una más alta abstención y un incremento importante del voto por correo. Pero el factor que puede modificar mayorías será la gestión de la pandemia.  

Entre la épica y el posibilismo

Los partidos del ámbito independentista han quedado encuadrados en un marco mental que solo tiene dos caras: el posibilismo de ampliar la base y la épica de la independencia. Este análisis sustentaba todos los embates posibles hasta que llegó el coronavirus, la primavera pasada. A partir de este momento, los ciudadanos suman un nuevo vector aún más importante: la gestión pandémica. Empiezan a haber indicadores demoscópicos que alertan del severo desgaste en la administración de esta segunda ola de Covid-19 para el gobierno español, pero también para el catalán. Los ciudadanos empiezan a castigar la división del gobierno de la Generalitat por las decisiones de cierres perimetrales y sectoriales y, sobre todo, por la percepción de que un mismo gobierno dice cosas distintas en función de si el conseller es de Junts per Catalunya (JxCat) o de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). 

Vox, el nuevo protagonista

En el flanco de las opciones unionistas o constitucionalistas, se espera una fuerte sacudida. La primera formación del arco parlamentario catalán, Ciutadans (Cs), podría dividir por dos el número actual de votantes según todas las encuestas. Al Partit Popular Català (PPC), que en Catalunya siempre ha obtenido resultados discretos, los sondeos le auguran unos resultados de, como mucho, siete diputados. Ahora tiene cuatro. 

El Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), en cambio, sí que puede esperar una buena recolecta de votos, más incluso que en las anteriores elecciones. Sin embargo, debe fiar sus escaños a la voluntad de los demás, especialmente de ERC, para tener opciones de gobernar y formar un tripartito con En Comú Podem (CatECP). En el caso contrario, nuevamente, pasará unos años más en la oposición. Por lo que respecta a los Comuns, probablemente será la formación con menos movimientos de escaños y repetirá resultados con alrededor de 10 diputados. 

Empiezan a haber indicadores demoscópicos que alertan de que el desgaste en la administración de esta segunda ola de Covid-19 es severo para el gobierno español, pero también para el catalán

Pero lo que supondrá un auténtico movimiento sísmico en la política catalana es, si se confirmase, la entrada parlamentaria de VOX. Según la mayoría de sondeos podría obtener una representación alrededor de 5 diputados, pero para la formación sería celebrado como una gran victoria. Además, los representantes de este partido podrían atizar el fuego en términos que ayudarían a amplificar el foco mediático de la escena catalana a nivel estatal. 

Finalmente, la CUP tiene posibilidades de recuperar parte del terreno perdido en las elecciones del 21 de diciembre de 2017. Las encuestas la sitúan en un umbral de entre 6 y 8 escaños. 

Entonces, ¿qué es lo que puede cambiar el orden de las cosas? La respuesta la tenemos en la pandemia. Cuando se planifica una campaña electoral, la comunicación política recomienda trabajar el segmento de votantes frágiles –los que un partido puede perder– y los potenciales –los que puede ganar. Pero hoy estos márgenes son pequeños y agraviados por la crisis del Covid-19 para los partidos políticos en el Gobierno, pero también para los que están en la oposición. 

Por lo que respecta al Gobierno, a nuestro entender, los temas que se tratarán en la campaña (issues) ya no solo están relacionados con el grado de soberanía de Catalunya, sino, y sobre todo, con la gestión del coronavirus. Y aquí, en caso de no corregir el rumbo, las gesticulaciones de las formaciones de gobierno (JxCat y ERC), con una fuerte división interna y una atomización de mensajes, terminará restando votantes a los dos partidos. Los damnificados por la pandemia también son personas votantes de ambas formaciones, ya que la mayoría de ciudadanos no serán tan minuciosos para decidir si votan a un partido u otro en función de la conselleria que ostenta.  

Gestionar bien, comunicar mejor

La gestión comunicativa de las crisis tiene muchos modelos con fases similares y nombres distintos. Aquí os planteamos uno que puede ayudar a entender dónde estamos y de dónde venimos. La primera fase que plantea nuestro modelo es la negación. Recordaremos que los gobiernos occidentales, también el catalán y el español, argumentaron en enero y febrero de 2020 que era difícil que la crisis de Covid-19 llegase a Europa con los niveles de afectación de China. Negaron la gravedad de la pandemia. 

La segunda fase es el colapso, la situación de shock. Dicha fase la vivimos durante los meses de confinamiento, cuando los ciudadanos aceptaron todas las medidas tomadas por los gobernantes con la finalidad de parar el virus y su mortalidad. 

La gestión del Covid-19 de los tres próximos meses será lo que decidirá si los resultados electorales serán como plantean los sondeos o, por el contrario, pasarán factura a gran parte del arco parlamentario catalán

La última fase del modelo es la racionalización, donde estamos hoy. Si hay éxito en la segunda fase, se puede recuperar la situación. Si no, entramos en una nueva crisis. Que cada uno juzgue el éxito de la segunda fase, pero lo que se detecta este otoño es un cierto cansancio de la población y una exigencia hacia la competencia y el buen gobierno. 

Las soluciones para la gestión gubernamental de la crisis de Covid-19 no son simples ni sencillas, hay que decirlo, pero la instauración de algunas variables estratégicas seguro que mejorarían la imagen de los gobernantes. Nos permitimos plantear solo tres: 

  • Competencia: las decisiones deben estar bien planificadas y ejecutadas. La sociedad sufre la incertidumbre del momento excepcional y deposita en las instituciones la confianza perdida. El grado de competencia de los gobernantes se mide por la percepción de los aciertos en, por ejemplo, las medidas que una institución toma para salir de la crisis.
  • Unidad: uno de los problemas más importantes de todos los gobiernos es saber mantener las contradicciones, los matices y las voces discrepantes. Este es un reto especialmente difícil en gobiernos de coalición. El desgaste de la desunión perjudica a todo el mundo. 
  • Comunicación: Comunicar bien ayuda a mejorar la percepción de la gestión que los gobiernos hacen de la crisis, pero si no se acompaña de competencia y unidad, difícilmente cambiará aquello que piensan los ciudadanos. Por tanto, la buena comunicación política es el elemento que delimitará las costuras por donde los partidos de gobierno pueden perder más apoyos y puede ayudar, bien gestionado, a los partidos de la oposición a mejorar las opciones de voto poniendo en evidencia las carencias de los que gobiernan la crisis. Para que haya una buena comunicación, se necesita claridad expositiva, evitar contradicciones y portavoces expertos. 

Las elecciones del 14 de febrero, por tanto, servirán para esclarecer quien ostenta la hegemonía del soberanismo, es decir ERC o JxCat, pero también podrían ayudar a sellar la alianza que se dibuja desde hace unos meses y que se ha reafirmado con el sí a los presupuestos del Estado, entre PSOE, Podemos y ERC. Estos escenarios tienen múltiples variables, como ya se ha dicho, pero será, a nuestro entender, la gestión del Covid-19 de los tres próximos meses la que decidirá si los resultados electorales serán como plantean los sondeos o, por el contrario, el castigo contra los gobernantes, pero, en general, contra la clase política, pasará factura a gran parte del arco parlamentario catalán. 

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