El modelo educativo, en cambio constante: ¿Podemos superar juntos los modelos caducos del pasado?

Es cierto que el sistema sanitario se ha mantenido al pie del cañón durante la pandemia a pesar de las limitaciones con las que tenía que enfrentarse e, incluso, recibieron el reconocimiento explícito de la ciudadanía a través de aplausos en los balcones. Pero hay otro sector que también ha remado contra corriente para mantenerse a flote: el educativo. “El confinamiento se ha convertido en la prueba de estrés del sistema educativo y nos ha demostrado lo que era verdaderamente importante”, ha apuntado Eduard Vallory, analista social y fundador de Escola Nova 21 y uno de los ponentes que, junto con Manel Jiménez, profesor de la Facultad de Comunicación de la UPF y comisionado de la universidad en proyectos de Educación y Comunicación, han participado en el seminario en línea #RethinkingEducation, organizado por la UPF Barcelona School of Management.

“Nos encontramos ante la necesidad de un cambio que no sabemos si seremos capaces de conjeturar”, ha advertido Jiménez, que ha admitido que la crisis de COVID-19 nos ha forzado a “tomar decisiones muy deprisa” y que dicha inmediatez “a menudo nos ha llevado a cometer errores”. Aunque, como ha expuesto Vallory, los sistemas educativos siempre han encontrado fórmulas para adaptarse a los cambios lineales de la sociedad, desde el inicio de la era digital la educación se encuentra “paralizada”. “Es como un zorro cuando choca con las luces de un coche en medio de la noche”, ha ilustrado el analista.

Ahora bien, si hay algo que la pandemia ha puesto de relieve es la necesidad de transformar el sistema educativo. Como mínimo así lo han compartido Vallory y Jiménez, que ha explicado que, hasta ahora, el mundo educativo “había sido esencialmente presencial”. Los tópicos de la educación actual, por tanto, ya no son válidos para el futuro, han sentenciado. “El modelo burocrático educativo es herencia del franquismo”, ha recordado Vallory, que ha lamentado que desde la Transición “nunca se ha puesto al día el sistema educativo”. “Nuestro sistema no está listo para innovar”, ha evidenciado.

Mientras que la sociedad ha reconocido y reconoce la tarea de los y las sanitarias, la educación ha quedado relegada a un segundo plano. “La sociedad, en general, no valora la educación como un instrumento de transformación social y, por tanto, la inversión que hay que hacer se ve como un gasto”, ha puntualizado el fundador de Escola Nova 21. Por tanto, han manifestado los ponentes, es necesaria una labor de empoderamiento del sistema educativo de cara a la ciudadanía. Una gestión que, en gran parte, depende de las administraciones.

Además de repensar la relación de la enseñanza con la ciudadanía, la pandemia ha puesto de manifiesto la necesidad de repensar la “verticalidad” del modelo educativo actual. “La mirada vertical es antiempoderadora y limitadora”, ha reflexionado Vallory, ya que, ha matizado, “el docente se convierte en el guardián de las esencias y los chicos y chicas simplemente adoptan un papel observador. Deben limitarse a absorber”. Para ilustrar esta tendencia, el analista social ha ironizado: “Mientras el mundo se hundía con la pandemia, los docentes estaban preocupados de terminar el capítulo 40 de la lección”. “Es absurdo creer que el aprendizaje puede ir por fases”, ha sentenciado Vallory. Una tendencia que tampoco se corrige en la universidad. “Las universidades han sigo muy homogéneas en el sistema”, ha añadido Jiménez que, no obstante, ha destacado el esfuerzo de la Universitat Pompeu Fabra para intentar “superar este estadio” trabajando en un modelo educativo propio.

Aunque las “malas praxis” del sistema educativo se mantienen desde la educación primaria hasta la universitaria, el prestigio social entre impartir docencia en unos u otros estadios, se acentúa. Mientras que trabajar en la universidad goza de un alto reconocimiento entre la ciudadanía, enseñar a criaturas, ha indicado Vallory, “está menos reconocido”. Para ejemplificarlo, el analista social ha compartido la formación que se pide a los docentes para impartir clases según las diferentes franjas de edad:

  • De 0 a 3 años: un ciclo superior.
  • De 3 a 12 años: un grado.
  • De 12 a 18 años: un grado y un máster.
  • Más de 18 años: un título de doctor.

“Nunca nadie diría a un pediatra que es un médico de menor nivel por tratar a niños, ¿verdad?”, ha preguntado Vallory, que ha recibido la aprobación de Jiménez. “El problema es que nunca nadie nos ha dicho que somos complementarios”, ha lamentado Vallory. “Cuando el profesor nos coloca el décimo en un aspecto concreto, no se nos explica que sin nosotros, el primero no triunfaría”.

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