"Algunas palabras del último día", discurso del rector saliente, Jaume Casals

En primer lugar, seis palabras que representan una suerte de diccionario microscópico de mi idea de universidad. Tres palabras desde dentro y tres palabras desde fuera.

Desde dentro

Organización. Una organización tan ágil y plana como sea posible. Una universidad respeta los derechos fundamentales, pero no se ocupa de ellos, excepto en los ámbitos académicos que los estudian. No es una suerte de parlamento, con el gobierno de un lado y el resto del otro, mirándoselo y controlándolo a través de los distintos órganos colegiados y de las elecciones. Es, por el contrario, una organización especializada, con métodos y objetivos relacionados con la ciencia y la cultura que son muy exigentes. Todos deben colaborar a ello, además de mirárselo soñando ser solamente un espectador. Estoy contento de haber simplificado las unidades básicas de la UPF y de haber invitado a sus responsables a integrarse en el Consejo de Dirección.

Libertad. A veces los textos legales lo llaman autonomía. Lo esencial es que una universidad es simple: selecciona y contrata a profesores y selecciona a estudiantes. De esta tarea de selección surgen las actividades de educación, investigación e innovación propias que terminan caracterizando la vida académica. Cuando el contexto desoye esta libertad, la universidad se esfuma y solo queda una corporación, un espacio de intereses. Animo a todos los colegas a luchar por esta libertad de manera desenfrenada.

Forma parte del elemento cordial respetar la cultura general y no menospreciarla en ningún momento, como hacen las grandes universidades. No seamos una universidad mediocre

Cultura. La ciencia pertenece al mundo de la cultura y es un elemento primordial. En cambio, la cultura no siempre pertenece al mundo de la ciencia. La pertenencia mutua de la educación y de la investigación marca el termómetro de este desequilibrio entre el tiempo rápido y definido por la ciencia y el tiempo lento, inacabable, de la cultura. Una universidad que no puede especificar su contribución al tiempo lento, no vale la pena. 

Desde fuera

Desde fuera. Pensarnos desde fuera. Olvidar siempre que sea posible las interioridades ininteligibles que suelen entretenernos y lo que pasa cotidianamente dentro de las paredes del castillo. Pensar la universidad desde el hospital cuesta más que pensar el hospital desde la universidad, y vale mucho más. Pensarnos desde la Fundación Miró, desde el BIST, desde el Parlamento o desde el Zoo. 

Estilo. La universidad se puede definir a partir de su personal y de sus posesiones. Es un error, a mi parecer, ya que no es la mejor opción y crea una institución egoísta de pasiones tristes. Una universidad puede compartirlo todo con cualquier institución de calidad y elegir su perfil seleccionando un sentido o una disposición general. Si no es una universidad de estilo, está muy cerca de, simplemente, solo ser una imitación.

Una universidad debe sentirse, primero, una universidad del mundo, internacional del todo.

Del mundo. Lo más local es lo más global, hay que decirlo a veces. La barretina de Dalí cumple el lema. Pero no hay que ir a pasear al límite del abismo. Una universidad debe sentirse, primero, una universidad del mundo, internacional del todo, en conjunto y en las partes. Este es, a mi parecer, el punto de partida. Después, seamos una universidad catalana hasta las últimas consecuencias. 

¿Se puede entender como un gesto pretencioso que ahora añada una séptima palabra a este tipo de sermón? Amabilidad, educación, bienestar. Todo esto no es incompatible con el afán con el que hay que perseverar en las seis palabras. En la bandera del "bienestar planetario", creo que el siempre vaporoso bienestar debe pesar tanto como el planeta.

Estos días me han hecho algunas entrevistas. Como todos estos años en el rectorado, la figura rectoral es objeto de un cierto culto personal totalmente equivocado. Los que me habéis acompañado en el rectorado sois los buenos. Vosotros sois los autores de esta época y mi familia y yo os tenemos en el panteón de nuestro jardín –de momento imaginario. Émile Benveniste, en su monumental El vocabulario de las instituciones indo-europeas, da mucha importancia a los phíloi, los queridos que no son miembros de la familia, pero que se comportan –y están autorizados a ello– como si fuesen de casa. Y su presencia es una fiesta. En mi casa, que es casa de Mathilde, de nuestros hijos y nuestro nieto, vosotros (Pele y compañía), sois los phíloi, los queridos. 

En la bandera del "bienestar planetario", creo que el siempre vaporoso "bienestar" debe pesar tanto como el "planeta"

He dicho "época", y aquí traduzco sin entretenerme mucho para terminar, un fragmento de Heráclito que algunos de vosotros seguro que conocéis. "El tiempo es un niño que juega, a piezas... ¡Y el niño es el rey!". Solo quiero comentar el hecho de que el tiempo, que es la palabra que nosotros tenemos para traducir aiôn, pero también para traducir krónos, en este fragmento traduce como el primer concepto. Krónos es el tiempo que pasa, como una raya de solo una cosa a cada momento y que nos parece que podemos contar. Aiôn, en cambio, es la época, la ocasión. En cierta forma, lo que se queda para siempre, terminado y completo. Un tiempo cualitativo, que no se puede contar. Que aiôn sea un niño concentrado en el juego y que gane (yo pienso en el viejo juego del verdugo, con el astrágalo de un cerdo, por ejemplo, donde el éxito se grita precisamente con la palabra "rey"), que no sea, el tiempo, una suerte de receptáculo que contiene y mide los eventos, sino que sea el mismo evento, eso es lo que os quería decir hoy de esta época que habéis ganado.

Y para terminar, unas palabras para el rector Oriol Amat:

A partir de ahora, para los que nos sentimos implicados en la trayectoria de la UPF, el mundo se divide entre las cosas que quiere hacer Oriol y las cosas que queremos los demás que haga. Esta división es perversa, pero es real. Mi propuesta es que le ayudemos tanto como podamos a hacer las que él quiera, porque es una persona que sabe escuchar y tiene una idea clara del mejor camino. Y, además, es un rector muy bien acompañado.

¡Gracias y que tengáis, como mínimo, la misma suerte que he tenido yo!

Jaume Casals
Rector de la Universitat Pompeu Fabra (2013-2021)