El salvavidas de la educación online

Lluís Vicent

Profesor y director de la programación online de la UPF Barcelona School of Management

 

 

Para muchos de los que trabajamos en el e-learning desde sus inicios o casi, la idea de que la educación online es para los que no pueden asistir a la clase presencial es casi un estigma. 

La función substitutiva, sin duda muy útil, situaba a la educación online en un escalafón inferior respecto la “verdadera” educación: la presencial. Aún hoy en día se suele confundir la educación online con una metodología. Online no significa más que un canal o un entorno, como lo es un aula, y hay miles de metodologías aplicables en los dos entornos.

Como apunté en este artículo en La Vanguardia, la educación online tiene valor en sí misma, dota al estudiante de nuevas competencias, principalmente todas aquellas que atañen al trabajo remoto. Millones de trabajadores en multinacionales (y empresas pequeñas que venden producto internacionalmente) trabajan cada día con los que están a miles de kilómetros de distancia.  La educación online puede ser individual o colaborativa, y la colaboración tiene un alcance planetario, rompiendo toda barrera física del aula.

Sin embargo, la pandemia global que estamos viviendo nos devuelve a esa función substitutiva original de la educación a distancia, la de aquellos que estaban enfermos, en la prisión, o que simplemente no podían desplazarse a un centro educativo presencial. Las universidades, colegios o centros de idiomas están adoptando medidas de urgencia para ofrecer alternativas online a sus estudios presenciales, de la misma manera que las empresas se abocan al teletrabajo. Pero también esta situación es un claro ejemplo del valor intrínseco que tiene la formación online. ¿Duda alguien que las personas que han estudiado online tienen ventaja ante esta nueva situación?

Debo decir que estas medidas de urgencia son posibles, aunque no fáciles. Los centros educativos presenciales difícilmente tienen una infraestructura y un personal de TI preparado para asumir una masiva formación online. Y muchos, sino la mayoría de profesores están muy alejados de dominar las técnicas para trabajar de manera no presencial.

Las universidades online (y las presenciales que han dado los pasos serios en sus propuestas online) llevan décadas perfeccionándose, formando a profesores, técnicos y alumnos, desarrollando nuevas metodologías docentes que implican en muchos casos un aprendizaje mejor que en la enseñanza presencial tradicional. Simuladores, películas, aprendizaje por roles, escenarios o proyectos forman parte de la oferta existente.

Evidentemente esto no se puede conseguir en una semana.  Pero sí es posible, como medida de urgencia, contratar o instalar una plataforma de aprendizaje en un día, contratar un sistema de comunicación síncrona con compartición de pizarra, documentos, y videoconferencia. Sí es posible hacer una formación exprés a los profesores (o asistentes si es necesario) para trasladar lo que se haría en la clase presencial a una plataforma. Casi todos los centros están haciendo este proceso.

El coronavirus no va a ser la última pandemia global. Esto va a provocar cambios sociales. Y los centros educativos presenciales van a preparar sus alternativas online para abordar nuevas alarmas y suspensiones de presencia.

El coronavirus nos va relegando progresivamente en nuestras casas. No sabemos lo que va a durar, pero sí sabemos que no va a ser la última pandemia global (no se espera el fin del mundo en breve -espero-). Esto va a provocar cambios sociales. Quizá nos lavemos más las manos, quizá apreciemos más esos abrazos que ahora no nos podemos dar, quizá nos vayamos antes a casa ante nuevas pandemias. Y los centros educativos presenciales van a preparar sus alternativas online para abordar nuevas alarmas y suspensiones de presencia. Cuando esta pandemia esté más controlada, los centros deberán planificar con el tiempo necesario y no con la urgencia actual, su alternativa a la presencialidad. Quizá incluso las autoridades gubernamentales obliguen a los centros a disponer de esa alternativa, de la misma manera que están obligados a cumplir normas de seguridad. Y los centros, sin duda, aprovecharán este nuevo conocimiento, para ofertar programas directamente online.

Mientras tanto, la educación online seguirá su camino de perfeccionamiento, mejorará el seguimiento asistido pormenorizado de los estudiantes (algo en lo que la enseñanza únicamente presencial no podrá competir), creará nuevos contenidos y métodos que sean motivadores y efectivos en el aprendizaje, y se generalizará como un canal donde aprender bien de manera similar, o bien de manera completamente diferente.

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