¿A distancia o presencial? Ventajas, inconvenientes y algunos desafíos éticos del teletrabajo

Salvador Estapé Triay
Professor y vicedecano de Profesorado de la UPF-BSM

Estos meses de confinamiento y distanciamiento social han hecho crecer de forma exponencial el uso del teletrabajo. ¿Sin las distracciones de la oficina la productividad y la eficiencia aumentan?  

Desde la Revolución Industrial los continuos cambios tecnológicos han ido alterado las formas de trabajar. El siglo XXI, las tecnologías de la comunicación, la robótica, la inteligencia artificial están acelerando aún más el cambio. Estos meses de confinamiento y distanciamiento social han hecho crecer de forma exponencial el uso del teletrabajo. Un número creciente de personas han experimentado por primera vez lo que supone pasar gran parte de su tiempo trabajando en casa. ¿Sin las distracciones de la oficina la productividad y la eficiencia aumentan? ¿Sin la supervisión constante de los jefes, los trabajadores son menos o más productivos? El teletrabajo facilita la conciliación de la vida personal y profesional o vincula más fuerte la vida personal con la profesional?

De entrada parece que el trabajo a distancia presenta ventajas evidentes, tanto desde el punto de vista de los trabajadores como desde la dirección de la empresa e, incluso, desde la propia sociedad en su conjunto. Sin ir más lejos, teletrabajar resulta atractivo para aquellas personas que quieren conciliar el trabajo y la vida personal. En efecto, gracias a su mayor flexibilidad horaria, el trabajo a distancia facilita el cuidado de los hijos o de las personas dependientes. Por otro lado, los trabajadores remotos al no estar expuestos a gérmenes y virus del compañeros de trabajo enfermos, tienden a tomar menos enfermedades. Además, cuando la jornada laboral empieza y termina en casa, la puntualidad mejora. Hay estudios que en evidenciado que los teletrabajadores pueden llegar a ser entre un 20 y un 25 por ciento más productivos que sus compañeros de oficina. Sin ninguna de las distracciones del entorno de oficina tradicional, como los chismes de máquina de café, ni las pausas del desayuno o las largos comidas, y con la actitud más feliz, los trabajadores tienden a disfrutar cuando tienen el control sobre sus vidas laborales. Las telecomunicaciones facilitan una mayor eficiencia y productividad, lo que, en general, se traduce en una mayor retención de los trabajadores, al reducir los costes de contratación y capacitación de las empresas. Una persona obligada a conducir durante una hora al día para ir al trabajo puede llegar a experimentar estrés y ansiedad. Tal vez por eso, en general, las empresas que implementan el teletrabajo experimentan menos absentismo. También puede ser más fácil colaborar cuando no estás obligado a compartir un espacio de oficina limitado. Las personas pueden estar más dispuestas a compartir recursos cuando se reduce el número total de trabajadores presentes en la oficina.

Los empresarios y directivos pueden sentirse atraídos por el teletrabajo por razones diferentes. Tener empleados remotos puede reducir los costes de espacio de oficina. De hecho, una empresa puede considerar la posibilidad de expandirse incluso cuando no tenga bienes inmuebles o capital disponible para ampliar o mejorar las instalaciones físicas. En los procesos de selección de personal, las empresas que contratan empleados remotos pueden conseguir incrementar el número de posibles solicitantes. Finalmente, hay muchos beneficios ambientales externos del teletrabajo. Hemos visto que un negocio que reduce el espacio total de oficinas también reduce su impacto en el medio ambiente. Evidentemente, los trabajadores remotos aumentan su consumo individual de suministros cuando trabajaban en casa, pero lo más probable es que el consumo de energía del hogar también continúe parcialmente durante el tiempo que se trabaje de forma presencial. Y, aún más, al no tener que desplazarse cada día en el lugar de trabajo, el teletrabajo limita el uso del coche. Menos trabajadores que viajan diariamente implica menos aglomeración en el transporte privado y público. Y con menos coches, la contaminación disminuye. Los habitantes de Barcelona y su área metropolitana lo han podido comprobar en esta primavera de confinamiento.

A lo largo de las últimas décadas del pasado siglo y las primeras de la actual, el trabajo desde casa ha ido ganando popularidad entre muchos empleados. Sin embargo, a menudo los empleados suelen colaborar de forma más creativa cuando se reúnen presencialmente para discutir sobre los proyectos. Una tendencia observada en estos últimos años ha sido el diseño de los espacios físicos como facilitadores de conversaciones informales con el fin de promover la generación de ideas, lo que tiene importantes implicaciones para aquellas empresas que dependen fuertemente de la investigación y el desarrollo. Otros inconvenientes del teletrabajo es que la cultura corporativa no es fácil de transmitir a distancia. El trabajador remoto puede haber desarrollado ciertos hábitos de trabajo en una empresa anterior con una cultura corporativa diferente (a veces en otro país) y le puede resultar difícil adaptarse a la cultura de una nueva empresa si trabaja de forma remota. Un gerente acostumbrado a "gestionar caminando" y al "presencialismo" seguro que le preocupará que los empleados se relajen si no hay nadie in situ que los observe. Asimismo, la probabilidad de una comunicación deficiente aumenta cuando todo se transmite electrónicamente o virtual.

También debemos tener presente que el trabajador remoto puede tener objeciones respecto a la privacidad cuando ve que su vida personal inevitablemente se entrecruza con la jornada laboral. Seguramente, en estos días de confinamiento, muchos habremos visto como el hijo o la hija a cualquier otro miembro de la familia entraba en la habitación en medio de una reunión de trabajo. Más importante aún, los niños pueden confundirse cuando piensan que la madre o el padre están en casa, pero no están disponible para jugar, ver la televisión o hacer otras actividades. A veces resulta difícil mantener un equilibrio entre la vida laboral y personal cuando hogar y oficina comparten espacio. En el mejor de los casos, y con el correspondiente gasto en la compra de equipo informático, de oficina, y otros suministros, el trabajador puede disfrutar de espacio de oficina en casa. Pero muchas otras personas no disfrutan de unas condiciones de espacio, luz o mobiliario óptimos para desarrollar el trabajo de forma remota. Otras cuestiones también pueden surgir, por ejemplo, cuando la definición del puesto de trabajo empieza a difuminarse y aparecen temas como los riesgos laborales, entonces ¿quien se hace responsable de las lesiones producidas mientras se trabaja desde casa? ¿Se pueden ejercer los mismos controles sobre las medidas de seguridad en casa que en la oficina? También puede haber problemas de productividad. Ciertamente, puede haber trabajadores en remoto que por sí mismos sean capaces de motivarse y trabajen diligentemente, pero, no nos engañemos, es fácil caer en actitudes procrastinadores. No todos los campos y sectores de actividad son igualmente adecuados para el teletrabajo. Algunos trabajos requieren un contacto personal constante con clientes y proveedores. En estos casos será difícil desarrollar nuevas relaciones comerciales con clientes a los que ya no visitamos casi y con los que no comemos o tomamos un café. Si los clientes teletrabajan será difícil abrir nuevas vías o ideas de colaboración. Es un tema éste a tener presente por los departamentos comerciales y de desarrollo de nuevos negocios. Otros necesitan niveles de seguridad informática altos que desde casa es más difícil de ofrecer. Hay entornos de trabajo que requieren de una seguridad en los edificios que trabajando de manera remota no se puede garantizar.

Ahora bien, el mayor inconveniente del teletrabajo es el sesgo en las actitudes de los directivos, gerentes y empresarios. Después de todo, la mayoría de ellos alcanzaron su estatus laboral en un entorno de trabajo tradicional. De este modo, cuando algunos empleados teletrabajan y otros no, aquellos que están físicamente presentes todos los días pueden más fácilmente dar una impresión determinada (buena o mala) sólo por el hecho de interactuar físicamente con su jefe. Existen evidencias que señalan que los empleados que optan por una forma de trabajo no presencial pueden verse penalizados, se les puede considerar perezosos o menos dedicados al trabajo que aquellos que mantienen el trabajo tradicional. Los gerentes pueden tener un recuerdo más fuerte del trabajo producido por el trabajador presencial que por remoto. Por tanto, las promociones y los proyectos importantes pueden ir a parar a los empleados más "visibles". Mientras que el trabajador remoto al ser más "invisible", puede salir perjudicado ante una eventual promoción o un aumento salarial.

Por último, el teletrabajo también tiene implicaciones éticas importantes. A continuación apunto algunas: el desarrollo y el fomento de la confianza en los trabajadores remotos y entre los miembros del equipo cuando unos trabajan a distancia y otras no; la equidad en las evaluaciones del personal en remoto y el de la oficina; la decisión de qué empleados pueden trabajar a distancia y cuáles no, el mantenimiento de la seguridad de los datos del trabajo del teletrabajador, etc. Aunque de entrada es fácil permitir el teletrabajo a todo aquel que lo solicite, los gerentes deben clasificar los puestos de trabajo (no las personas) según la idoneidad para el trabajo remoto. A veces puede ser mejor ir caso por caso, siendo conscientes de las circunstancias de cada trabajador individual. Por este motivo, la empresa debe establecer cuidadosamente políticas marco para gestionar el trabajo remoto y garantizar la equidad. También se establecerán expectativas claras para los trabajadores remotos. Y, en nombre de la equidad, ni las expectativas ni las recompensas deben diferir de las establecidas para los trabajadores presenciales. Si se decide implementar el teletrabajo, la empresa debe transmitir confianza en sus empleados remotos. Esta confianza se basa en el respeto a las motivaciones que han llevado al empleado a optar por una forma de trabajo no tradicional, así como el reconocimiento de las necesidades que puede tener para conciliar la vida laboral y personal. Los teletrabajadores deben tener la capacidad de gestionar su tiempo para que puedan mantener su productividad en un entorno que puede tener distracciones de naturaleza diferentes de aquellas que se pueden encontrar en un lugar de trabajo tradicional. Esto puede suponer que se requieran demandas de tiempo diferentes. Finalmente, con el fin de ayudar a proteger al teletrabajador contra el prejuicio de aquellos que piensan que "si se está fuera de la vista, está fuera de la mente", la empresa debe asegurar que las líneas de comunicación los gerentes están tan abiertas para sus empleados remotos como lo están para los trabajadores de la oficina.

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