La Responsabilidad Social Corporativa (RSC), al servicio del medio ambiente

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Xavier Carbonell Duran
Director del Posgrado en Gestión de la Responsabilidad Social Corporativa
 

La preocupación por el medio ambiente se ha convertido en uno de los puntos estratégicos de muchas empresas. Este cambio de paradigma se debe, en gran parte, a las demandas de los consumidores a las que las compañías no pueden desoír y, con este objetivo, desde la responsabilidad social corporativa (RSC) se incorporan medidas de gestión medioambiental. Ahora bien, es importante atender no solo a qué políticas se llevan a cabo, sino a cómo se gestionan para que sean creíbles, posibles y efectivas. 

En este sentido, como explicamos en el Posgrado en Gestión de la Responsabilidad Social Corporativa, la dimensión medioambiental no debería tratarse de una forma aislada respecto a otros aspectos de responsabilidad social, sino trabajándose desde una visión conjunta y sabiendo que su aplicación y efectividad está estrechamente ligada a otras actitudes de una organización. 

La dimensión medioambiental no debería tratarse de forma aislada, sino desde una visión conjunta de la RSC

Cuando hablamos de responsabilidad social lo hacemos desde el equilibrio entre distintos aspectos: el buen gobierno, los criterios laborales, el respeto por los derechos humanos, la preservación del medio ambiente y la relación con la sociedad. Tal como establecen las iniciativas internacionales de referencia en la materia, la tarea de la RS es la de aplicar dicha visión global de forma equilibrada en el día a día de una organización mediante el diálogo con los grupos de interés. 

El compromiso, desde arriba

Con el establecimiento del buen gobierno en una entidad se establecerá de una forma correcta el equilibrio desde una visión comprometida, transversal y estratégica. De lo contrario, si no hay una adecuada implicación de la propiedad y de la dirección empresarial en aspectos de RS, difícilmente se tendrá un buen enfoque sobre políticas medioambientales. En este contexto, las acciones que se puedan realizar serán aisladas y quedarán desconectadas de la política general de la empresa. Resultarán en una declaración de intenciones sin una efectividad real y,  en el peor de los casos, se convertirá en una política solo de imagen. 

Para que estas políticas medioambientales se desarrollen correctamente y no queden solo en el marco de las buenas intenciones, hay que pasar de la filosofía al programa de trabajo. Para hacerlo, hay que elaborar procedimientos e instrucciones que sirvan de guía, faciliten la consecución de objetivos, establezcan indicadores para medirlos y culminen en un sistema de gestión de RS completo y efectivo. 

De dentro hacia fuera

En la responsabilidad social de las organizaciones hay dos dimensiones claras: la interna (responsabilidad legal) y la externa (corresponde a terceros). Sin embargo, la exigencia de la sociedad, los riesgos y sus impactos hace que haya que abrazar ambas dimensiones para no quedar expuesto a repercusiones de reputación y pérdida de competitividad. 

El caso de la industria textil, aplicable a muchas otras industrias, es un buen ejemplo. Cada escenario medioambiental dependerá del tipo de función, características e impacto de las actividades ejecutadas en la cadena de producción. Así, las políticas medioambientales variarán en su aplicación efectiva según estos criterios y de acuerdo con la estrategia de la organización. 

Un factor determinante es la "presión" que pueden hacer las compañías sobre las organizaciones subcontratadas en la aplicación de aspectos medioambientales

A menudo vemos que la parte interna de las políticas medioambientales tienen menos impacto que la externa, ya que la primera suele responder a los criterios de instalaciones de servicios y, la segunda, a subcontratación de producción y logística de distribución. 

En este sentido, un factor determinante –más allá del establecimiento de estas medidas y acciones internas– es el seguimiento y la "presión" que pueden hacer las compañías sobre las organizaciones subcontratadas en la aplicación de aspectos medioambientales. Unas acciones que pueden llevarse a cabo en el marco de los códigos de obligado cumplimiento de los proveedores (establecidos por las empresas y marcas contratantes) y en los que se incluyen, fundamentalmente, cláusulas de carácter social y medioambiental. De nuevo, depende de la actitud y buen gobierno de las compañías. 

El compromiso como garantía

El avance y la efectividad del establecimiento y de la aplicación de dichas medidas dependerá también de las distintas industrias subcontratadas. Un requisito que funciona como red comunicante entre la política laboral y la política ambiental: si una es mala, la otra también lo será. 

Ahora bien, si hay compromiso y buen equilibrio, las políticas medioambientales serán honestas, creíbles y efectivas porque habrá la voluntad, el planteamiento y las herramientas adecuadas para llevarlas a cabo. No hay que olvidar que la ley y la regulación se puede aplicar de forma mínima o de forma excelente, y que las buenas prácticas van más allá de las legislaciones.