“Ni sí ni no, ni blanco ni negro...”. Comunicar la incertidumbre en tiempos de Covid-19

Gema Revuelta
Directora del Máster en Comunicación Científica, Médica y Ambiental
Directora del Centro de Estudios de Ciencia, Comunicación y Sociedad (UPF)

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'En ciencia hay pocas predicciones absolutas de cifras o fechas, pocos blancos o negros, pocas afirmaciones o negaciones rotundas. Sin embargo, los titulares categóricos tienen mucho más éxito en los medios de comunicación y redes sociales que aquellos que incluyen términos relativos o probabilísticos.  

¿Recuerdan el juego de preguntas en las que está prohibido contestar “sí”, “no”, “blanco” o “negro”? ¿Por qué nos resulta tan difícil hablar rápido y con naturalidad sin recurrir a estas expresiones? Las afirmaciones y negaciones categóricas son absolutas, claras y sencillas de procesar. Son respuestas con las que convivimos desde niños, que contestan a nuestras primeras preguntas cuando apenas podemos balbucearlas. Por su parte, las expresiones no categóricas, tales como “depende”, “en caso de”, “sólo si” o “lo más probable” son más complejas y generan mayor ansiedad.

Las afirmaciones fáciles, especialmente si responden a nuestras mayores expectativas (o, por el contrario, si anuncian desastres colosales con seguridad absoluta), tienen mucho más éxito en los medios de comunicación y redes sociales que aquellas que incluyen términos relativos o probabilísticos. Lógicamente, está bien que en comunicación se transmitan mensajes claros y sencillos, pero el problema viene cuando el mensaje original queda distorsionado ante una aparente, pero falsa, simplicidad. Estos meses lo estamos viendo demasiado a menudo con la comunicación de las noticias científicas relacionadas con la Covid-19.

Después de una búsqueda de no más de cinco minutos en Google sobre noticias acerca de investigación en Covid-19 he encontrado varios de estos ejemplos de falsa simplicidad. He escogido esta de Ideal (del 5 de abril) como podría haber optado por cualquier otra. En este caso el reduccionismo o aparente simplificación del mensaje, lejos de ayudar al lector a entender cuál es la noticia, lo único que hace es generar falsas expectativas (las cursivas y negritas son mías):

-  “¿En qué punto estamos respecto al desarrollo de tratamientos efectivos contra el coronavirus?” – pregunta el entrevistador a un investigador que participa en un ensayo contra la Covid-19.

-   Es la pregunta del millón, pero creo que me puedo aproximar a la respuesta. Pienso que posiblemente para después del verano haya resultados sólidos publicados, y alguno de los medicamentos que estamos empleando sean autorizados por las agencias reguladoras.” – contesta el entrevistado.

“El primer fármaco autorizado contra el coronavirus estará después del verano” - resume el titular del artículo.

Como hemos visto, el entrevistado, introduciendo el verbo pienso, nos advierte de que lo que viene a continuación es su opinión y no un hecho. Por otra parte, su contestación está llena de adverbios, subjuntivos y verbos que indican que la ciencia no dispone aún de certezas (puedo, aproximar, posiblemente, haya resultados publicados, sean autorizados). A pesar de las precauciones que se toma el científico, el titular elimina toda esa incertidumbre y transforma la respuesta en la afirmación rotunda que todos estamos deseando oír: “El primer fármaco autorizado contra el coronavirus estará después del verano”. Parece de chiste (si no fuera por el drama del contexto en el que se produce), sin embargo, sigue siendo algo extremadamente común, especialmente cuando el periodista que cubre la noticia o quien se encarga del titular tiene poca experiencia en comunicar noticias de salud y ciencia.

Podríamos pensar entonces que la culpa es de los periodistas y los medios, de las redes, de los comunicadores (es decir, del mensajero). Pero no nos engañemos, aunque en esa fase se producen muchísimas distorsiones, también encontramos ejemplos de mala praxis de la comunicación desde las propias fuentes. Las afirmaciones de Donald Trump respecto a la hidroxicloroquina ilustran fácilmente la capacidad de viralidad de un mensaje sin base científica pero que responde taxativamente a unas expectativas (por cierto, un mensaje que no se sostiene ya desde ningún punto de vista ante los recientes resultados de los ensayos clínicos en marcha).

La presión por ver quién es la compañía farmacéutica, el centro de investigación o el país que consigue antes una vacuna para la Covid-19 ha conducido también a anuncios precipitados y dudosos.

Sin llegar a ese extremo, la presión por ver quién es la compañía farmacéutica, el centro de investigación o el país que consigue antes una vacuna para la Covid-19 ha conducido también a anuncios precipitados y dudosos.

“China dice haber desarrollado “con éxito” una vacuna contra el coronavirus” – recogía La Vanguardia en su edición del 18 de marzo.

En este caso, la palabra dice nos indicaría que el desarrollo con éxito de la vacuna no es una realidad sino algo que dice alguien (el Gobierno chino, se supone). Curiosamente, esta noticia se emitía justo una semana después de que Estados Unidos anunciase también la puesta en marcha de un ensayo clínico. Esa pugna entre ambos países está siendo constante a lo largo de la pandemia y, de hecho, se ha visto plasmada de nuevo en otro episodio comunicativo. El 18 de mayo, Moderna Therapeutics (EEUU) anunció a bombo y platillo unos resultados positivos en su investigación acerca de una vacuna para la Covid-19. Buena parte de los medios recogieron el anuncio en términos similares a estos: “Primeros resultados positivos de la vacuna Moderna Therapeutics”. Hablar de “resultado positivo de una vacuna” es confuso en este caso pues el ensayo (en fase I) únicamente podía afirmar que la vacuna había mostrado ser segura, pero aún no que fuera efectiva como tratamiento preventivo de la Covid-19. Por otra parte, la empresa había comunicado unos hallazgos que aún no habían sido sometidos a la revisión independiente propia de la ciencia, por lo que el artículo periodístico debería haber incorporado de una manera clara las dudas acerca de la validez de los resultados ya desde el titular. Como era de esperar, tras el anuncio, las acciones de la empresa se dispararon. Sin embargo, la comunidad científica criticó duramente la comunicación que se había realizado, por lo que las acciones volvieron a caer enseguida. De nuevo, a los pocos días de la  noticia de Moderna, los medios informaban de un logro similar liderado desde China, esta vez a partir de una investigación que sí había sido publicada en una revista científica de referencia (Lancet). El hecho de estar publicados no equivale a un certificado 100% de autenticidad a unos resultados, pero sí añade valor desde un punto de vista científico. Publicar en este tipo de revistas significa que los procedimientos, datos y afirmaciones de la investigación han sido revisados por expertos.

Un caso similar de noticias referentes a investigaciones aún no revisadas se está produciendo con los llamados preprints. Este nombre se refiere a artículos científicos que se suben a un archivo con acceso abierto, permitiendo que cualquier persona pueda acceder a ellos antes incluso de que la investigación sea revisada por un evaluador independiente. Los preprints comienzan a ser comunes entre la comunidad científica pues permiten acelerar algunos pasos, pero plantean muchas dudas cuando su comunicación transciende a la opinión pública.

La investigación precisa sus tiempos. Los profesionales especializados en comunicación científica y médica sabemos que las noticias que proceden de la investigación pueden traer sorpresas, pero también que debemos ser escépticos ante anuncios que parecen raros o fuera de lo esperable.

Aunque es cierto que la carrera científica en la búsqueda de la vacuna de la Covid-19 se ha acelerado hasta un punto sin precedentes, la investigación precisa sus tiempos (al fin y al cabo, se está llevando en seres humanos y por seres humanos). Por tanto, y aquí mi última reflexión, cualquier anuncio sobre una reducción increíble de los plazos para investigar y tener en el mercado una vacuna debe tomarse con escepticismo. Los profesionales especializados en comunicación científica y médica sabemos que las noticias que proceden de la investigación pueden traer sorpresas, pero también que debemos ser escépticos ante anuncios que parecen raros o fuera de lo esperable.

En ciencia hay pocas predicciones absolutas de cifras o fechas, pocos blancos o negros, pocas afirmaciones o negaciones rotundas. Por el contrario, lo razonable y esperable es que la investigación, por mucho que se la intente presionar, no avance en línea recta, sino que en el camino se encuentre con baches que le hagan hacer rodeos. Lo que un día se pensaba que podría ser un éxito puede no serlo y entonces hay que poner en marcha otro camino e intentar seguir avanzando. La presión actual está acelerando la investigación, sin duda, pero la comunicación de cada paso no puede ser especulativa ni ir más allá de lo estrictamente razonable. Si esto nos genera ansiedad o nos hace perder la confianza en la ciencia, es porque no hemos comprendido aún cómo funciona ésta.  

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