Las directivas lideran mejor


Silvia Coppulo

Sílvia Cóppulo
Directora del Observatorio de Liderazgo en la Empresa

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Desde el Observatorio de Liderazgo en la Empresa acabamos de realizar un estudio que, justamente, pretende conocer la opinión de directivos y directivas sobre los cambios que la situación que vivimos recama en los liderazgos

Directives

Las mujeres lideran mejor los equipos humanos en las empresas durante esta larga época de crisis sanitaria, económica, social y humana que nos ha traído el covid-19. Acabamos de realizar un estudio desde la Cátedra de Liderazgo en la Empresa en la UPF-BSM que, justamente, pretende conocer la opinión de directivos y directivas (de manera paritaria) sobre los cambios de todo tipo en el liderazgo que la situación que vivimos reclama. Y esta es una de las conclusiones más importantes: las directivas lideran mejor. Lo dicen de forma mayoritaria los hombres y unánimemente las mujeres. En este artículo volveré a subrayar los puntos más importantes del estudio. Pero vuelvo al principio. 

La primera observación que querría compartir es que, seguro, al leer el título de este texto (“Las directivas lideran mejor”), habéis dudado de si nos referíamos a las juntas directivas –como la del Barça, por ejemplo, entre otras– o a las mujeres directivas. Claro que, si escribiésemos “los directivos lideran mejor”, nadie echaría en falta que sustantivemos el género de las personas. No necesitaríamos escribir “hombres” delante de “directivos”. ¿Por qué? Porque que las mujeres estén a la cabeza de una empresa o de los departamentos de una empresa –cuando son importantes– sigue siendo excepcional. Y me atrevería a decir que porque, hoy en día, cuando miramos a un hombre que dirige, vemos sobre todo a un directivo. En cambio, cuando se trata de una mujer la que lidera, vemos precisamente esto, una mujer y no una directiva. Son tan pocas que todavía nos sorprende. 

¿Por qué ellas lideran mejor? 

¿Por qué ellas lideran mejor? Pues aquí la explicación creo que debemos buscarla en la capacidad de resiliencia y de persistencia que, necesariamente, deben tener las mujeres cuando ocupan cargos de responsabilidad. Están acostumbradas a luchar contra todo tipo de elementos y a no desistir buscando fórmulas creativas para superar las adversidades. Otra cosa será la trampa del glass cliff: es decir, el precipicio de cristal. Se las pone al frente para capear los temporales y se las arroja montaña abajo para que rueden y se estampen en a base cuando ya han hecho bien su trabajo y llegan los buenos tiempos. 

La explicación debemos buscarla en la capacidad de resiliencia y de persistencia que, necesariamente, deben tener las mujeres cuando ocupan cargos de responsabilidad

Cohesionar a los equipos y comprometerlos a la vez que tener eficacia en la organización y en la operativa del trabajo son dos objetivos que ahora se valoran por encima de la obtención de unos resultados excelentes. Quizás porque todos sabemos que la crisis los hace prácticamente imposibles de alcanzar. Con buena capacidad de interrelación personal y de control e inteligencia emocional, es decir, que ahora necesitamos saber escuchar activamente a las personas, hacerlas sentir que forman parte de un grupo humano que hacen piña y tirar adelante. Tanto si se trabaja presencialmente como en remoto. Es lo que nos dicen las personas encuestadas (una muestra de 157 directivos y directivas) que ahora necesitamos. Más activamente que antes de la pandemia y haciendo las cosas de forma distinta, aunque no hayan recibido una formación específica para hacerlo. Una formación que reclaman a la universidad con el apoyo de la Generalitat y del gobierno de España, especialmente. 

Teletrabajar puede ser una trampa para las mujeres

Otro punto que en las conclusiones sorprende es que, cuando pedimos si el teletrabajo tiene más ventajas o inconvenientes, los hombres ven en ello más inconvenientes y, las mujeres, más ventajas. ¿Por qué? Pues porque ellas sienten de forma superior la responsabilidad de hacerse cargo del cuidado de la familia y el hogar y el teletrabajo se lo permite. A los hombres, quedarse en casa a trabajar les supone tener que enfrentarse a la realidad personal que se cuece dentro en ella. Pero, atención; cuando las medidas restrictivas por el elevado número de contagios se relajan, ellos tienden a salir corriendo hacia la oficina, y ellas pueden caer en la tentación de querer quedarse en casa para trabajar. ¿Consecuencia? Ellas no estarán en el despacho cuando se hable de promoción en el trabajo; ellas no formarán parte de los encuentros informales donde se genera confianza y se acuerdan decisiones entre mesas, cerca de la máquina de café. El teletrabajo se debe poder combinar con la presencialidad, tanto para hombres como para mujeres, o la cura contra la desigualdad correrá hacia atrás. Quedarse en casa siempre puede ser una trampa. 

Desconectar los dispositivos digitales

¿Descansan bien nuestros directivos y directivas? ¿Son capaces de desconectar digitalmente por la noche y los fines de semana o mandan y reciben mensajes a todas horas sin parar? Ya les puedo garantizar que, aquí, quién más, quien menos, se confiesa torpe. 

No vamos en la buena dirección, no desconectamos digitalmente y no tenemos presente que, para trabajar bien, se debe descansar bien. Este punto es tan relevante para la salud de las personas y de las empresas que querría dejar por escrito que nos comprometemos a estudiarlo próximamente en el siguiente estudio que realizaremos. Nos gustaría escuchar opiniones para reflexionar y avanzar en el planteamiento. De forma que, si me lo permiten, les agradeceré que las hagan llegar a silvia.coppulo@bsm.upf.edu.

Somos la Escuela de management de la UPF, el Observatorio de Liderazgo en la Empresa y nos guía la voluntad de adquirir conocimiento para compartirlo. ¿Queréis colaborar?

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