Luces y sombras en época de coronavirus: ¿deberíamos añorar el Siglo de las Luces?

Salvador Estapé
Profesor de la UPF Barcelona School of Management
Vicedecano de profesorado

El creciente desprecio por la ciencia y la experiencia nos lleva hacia terrenos extremadamente peligrosos. En efecto, son espacios donde la ciudadanía puede tener dificultades importantes para separar fake news y mentiras de la verdad.  

Un peligro creciente en la política actual a nivel mundial es el rechazo voluntario hacia las ideas de los expertos, a la comunidad académica y la ciencia en general. Este hecho lo podemos observar cuando vemos presidentes de gobierno que niegan la ciencia sobre el cambio climático y se quedan tanto anchos, o presidentes que se escuchan más a militares y políticos que a científicos y expertos a la hora de hacer frente a la emergencia sanitaria provocada por el coronavirus.

Este creciente desprecio por la ciencia y la experiencia nos lleva hacia terrenos extremadamente peligrosos. En efecto, son espacios donde la ciudadanía puede tener dificultades importantes para separar fake news y mentiras de la verdad. Aún más, nos aleja de la concepción del mundo, basada en los hechos y inspirada por los ideales de la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso, como nos recuerda Pinker en uno de sus recientes libros[1]. Se puede tener, y probablemente sea necesario, un debate público bien informado sobre las mejores medidas para hacer frente a la actual crisis sanitaria y económica. Pero este debate será mucho más difícil si personajes públicos, incluidos líderes políticos, promueven versiones incorrectas y engañosas de términos analíticos y científicos altamente relevantes.

Es triste y lamentable ver cómo empresas locales se ponen en marcha rápidamente a diseñar y fabricar respiradores y otro material sanitario y no lo pueden suministrar ante la lentitud de la administración en las homologaciones.

El aumento del conocimiento colectivo sobre la naturaleza y su entorno forma parte de la esencia de los países modernos. Es triste y lamentable ver cómo empresas locales se ponen en marcha rápidamente a diseñar y fabricar respiradores y otro material sanitario y no lo pueden suministrar ante la lentitud de la administración en las homologaciones. U otros que con capacidad de distribuir millones de pruebas de la Covid-19 por todo el mundo, son simplemente ignoradas por nuestras autoridades. ¿Cómo se entiende la falta de equipos de protección, de pruebas rápidas, etc? Ante estos hechos y muchos otros, me viene a la cabeza una publicación reciente de uno de los historiadores económicos contemporáneos más importantes, Joel Mokyr. Se trata de A Culture of Growth, y lo quisiera compartir porque creo que nos aporta luz sobre algunos hechos preocupantes que estoy observando este últimos tiempos[2].

Mokyr nos muestra cómo la Ilustración tuvo implicaciones fundamentales para el progreso científico y tecnológico. El auge de la Ilustración a finales del siglo XVII fue la culminación de un largo proceso de cambio intelectual que se produjo durante siglos. Este intercambio de ideas fue un acontecimiento crucial. Sin embargo, Europa ni estaba mejor preparada ni era una sociedad más dinámica que otras sociedades euroasiáticas. De hecho, durante un cierto periodo de tiempo los cambios culturales tuvieron lugar de manera casi independiente de los cambios en el comercio, la urbanización y el propio crecimiento económico. Poco a poco, sin embargo, estos cambios culturales fueron retroalimentando la economía en una dirección y con una magnitud que nadie nunca antes hubiera imaginado.

¿Fue la Ilustración una condición necesaria o suficiente para el gran avance que provocó la explosión de un crecimiento económico sin precedentes y la aparición de la economía moderna? 

¿Fue la Ilustración una condición necesaria o suficiente para el gran avance que provocó la explosión de un crecimiento económico sin precedentes y la aparición de la economía moderna? Sinceramente, no lo sabemos, y tal vez no lo sabremos nunca. Pero lo que sí sabemos es que el estancamiento se produce cuando el statu quo bloquea los avances a través de varios medios a su alcance, desde la amenaza de perseguir los heréticos hasta la quema de sus obras, pasando por mecanismos más sutiles y efectivos, como las meritocracias donde la clave del éxito personal es la sumisión acrítica al conocimiento heredado del pasado. Desgraciadamente hoy asistimos al linchamiento público de determinados científicos o políticos simplemente porque se atreven a opinar diferente de la versión oficial.

Nos recuerda el autor que la correcta manera de ver el auge de la ciencia y la tecnología modernas es considerarla no sólo como la continuación natural de la cultura antigua, medieval y renacentista, sino también, paradójicamente, como su repudiación. No hay nada inexacto sobre este giro de eventos; de hecho, es un resultado lógico. De lo contrario pensadores como Newton y Spinoza podrían haber quedado silenciados, y la Ilustración no hubiera emergido.

Imaginemos que en lugar de la comunidad descentralizada y vibrante de científicos e inventores hubiera existido una sociedad dirigida por una administración central en la que el progreso tecnológico fuera el producto de funcionarios apoyados y sostenidos por una burocracia, aunque fuera una burocracia bienintencionada y orientada al progreso. ¿Podría una organización de este tipo haber dado lugar al mundo moderno sin nada que se pareciera a la Ilustración? ¿Hubiera sido posible que un conjunto de instituciones totalmente diferentes hubieran creado una economía moderna? Mokyr lo pone en duda, más bien nos habríamos encontrado con más corrupción, codicia y comportamientos "oportunísticos".

En definitiva, la Ilustración implicó dos ideas altamente innovadoras y complementarias: el concepto de conocimiento y la comprensión de la naturaleza. Ambas pueden y deberían servir para avanzar en las condiciones materiales de la humanidad, y, aún más, en la creencia de que el poder y el gobiernos no existen para servir al statu quo político y económico, sino a la sociedad en general. Hoy más que nunca, vale la pena no perderlo de vista.

Referencias

[1] Pinker, Steven (2018) En defensa de la Ilustración (Paidós, Barcelona)

[2] Mokyr, Joel (2017), Culture of Growth. The Origins of Modern Economy (Princeton University Press)

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