Ciudades inteligentes: cuando innovación y sostenibilidad van de la mano

Smart city

Susana Domingo
Directora del Área Académica de Estrategia y Emprendimiento
Directora del Postgrado en Innovación y Design Thinking
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Barcelona es una ciudad inteligente (Smart City). Lo hemos oído a menudo, pero, ¿qué significa exactamente? Una ciudad inteligente es una urbe dotada de tecnologías digitales enfocadas a optimizar la gestión de sus servicios y recursos, a mejorar la calidad de vida de sus habitantes y a respetar el medio ambiente. Jordan Duffy, especialista en internet de las cosas (IoT, en sus siglas en inglés), lo ilustraba a partir de tres ejemplos de tecnologías que Barcelona aplica con esta finalidad y que, además, ahorran a la administración local cerca de 150.000.000 de euros cada año:

  • Encendida y apagón del alumbrado público a partir de sensores de luz solar.
  • Regulación de riego de parques y jardines públicos en función de los sensores de humedad del suelo.
  • Aplicación para buscar aparcamiento en zonas azules y verdes, ahorrando así minutos, combustible y emisiones de gases contaminantes. 

Desde el punto de vista del medio ambiente, los efectos nocivos de la actividad humana son innegables y, de hecho, el impacto de la pandemia de covid-19 ha impulsado el mundo a reflexionar sobre las implicaciones medioambientales de nuestra forma de vivir y a plantearse la posibilidad de llevar a cabo una reconstrucción más sostenible del planeta. 

Las ciudades inteligentes están dotadas de tecnologías digitales enfocadas a optimizar la gestión de sus recursos, a mejorar la calidad de vida de las personas y a respetar el medio ambiente

Ahora bien, ¿cuál es el rol de las empresas en esta nueva realidad? Muchas de ellas desarrollan constantemente nuevas tecnologías que ofrecen soluciones sostenibles para avanzar hacia un mundo mejor. No obstante, su desarrollo e implantación en la actividad empresarial es costoso a causa de factores como la incertidumbre o la resistencia al cambio.

El binomio de innovación y sostenibilidad

Según Naciones Unidas, en 2030 –año en el que deberían haberse logrado los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)–, la población mundial estará alrededor de los 9.800 millones de personas de las que más de la mitad vivirán en zonas urbanas. En 2050, esta cifra se prevé que aumente hasta el 70%. Por ello hay que incidir en la aplicación de innovaciones que aporten sostenibilidad en las ciudades del planeta.

Las tecnologías usadas en ciudades inteligentes nos muestran como innovación y sostenibilidad pueden estar estrechamente relacionadas. En los últimos años, varias iniciativas –tanto privadas como públicas– han utilizado nuevas tecnologías para mejorar la vida de las personas y, de forma notable, reducir el impacto medioambiental de sus actividades diarias. Eso no se debe solo a una concienciación por parte de los directivos empresariales alrededor de la sostenibilidad, sino también a nuevas regulaciones y a una mayor exigencia por parte de los consumidores. En este sentido, las inversiones en tecnologías que aportan sostenibilidad reciben cada día más atención por parte de empresarios, administraciones, inversores y consumidores. Buenos ejemplos de ello son, de acuerdo con la organización internacional World Business Council for Sustainable Development (WBCSD):

  • Movilidad sostenible

La movilidad provoca casi el 30% de las emisiones contaminantes en las grandes ciudades. Las iniciativas de movilidad urbana eléctrica (eCooltra, Yego, Silence o MEC Carsharing), o las empresas de transporte enfocadas a una última milla con reparto con furgonetas y triciclos eléctricos (EcoScooting o Revoolt), así como los coches eléctricos, presentan soluciones efectivas, tanto respecto a la contaminación medioambiental como acústica. Sin embargo, estos sistemas todavía deben afrontar retos como, por ejemplo, los insuficientes puntos de recarga. Empresas emergentes como el unicornio catalán Wallbox ya presentan soluciones.

  • Conexiones e infraestructuras

El rápido crecimiento que han experimentado las ciudades de manera histórica conlleva varios problemas económicos y sociales, como también un inadecuado consumo de energía, contaminación del aire, ruido, exclusión social –incluyendo gentrificación– y la emisión de gases de efecto invernadero. Una planificación efectiva y participativa es una oportunidad para las ciudades de orientar su desarrollo hacia la sostenibilidad.

Ildefons Cerdà diseñó el ensanche barcelonés contando con ideas innovadoras (racionalidad, espacios verdes, ventilación de la ciudad, pacificación, circulación urbana, iluminación natural en las viviendas...), aunque que sus planos originales no fueron respetados en su totalidad, sobre todo por la ávida explotación económica de ciertos espacios. 

Todo lo que se ha dicho sobre ciudades inteligentes, así como la extensión de los servicios de metro, tranvía y ferrocarril, de las infraestructuras portuarias y aeroportuarias de forma racional y respetuosa con el medio ambiente, son parte de esta idea de que las infraestructuras pueden aportar mucho a la sostenibilidad. En este sentido, vale la pena nombrar la polémica sobre la ampliación del aeropuerto de El Prat, planificada por AENA, que fue frenada por la Generalitat de Catalunya, entre otros, por no respetar el espacio natural de La Ricarda.

  • Energías renovables y eficiencia energética

HolaLuz empezó siendo una startup dedicada a la distribución de energía eléctrica de origen renovable llegando a ofrecer la instalación de paneles solares en los techos de los edificios para, incluso, llegar a producirla. La irrupción en el mercado de empresas emergentes como la citada u otras como PROT energia, Solarmente o la cooperativa Som Energia, así como el compromiso creciente de grandes productores y operadores energéticos en la innovación y sostenibilidad de su modelo de negocio (Repsol, Naturgy Endesa, Iberdrola), a menudo mediante Corporate Venturing, impulsan el crecimiento de las energías renovables y de la eficiencia energética.

  • Estilos de vida sostenibles y saludables

Los consumidores tienen más fuerza de la que creen para propiciar cambios sustanciales. Ya hay un número creciente de iniciativas que ayudan a los consumidores con consciencia de bienestar individual y colectivo a consumir con coherencia con su forma de pensar: comercio de proximidad (Casa Ametller, cooperativa Consum Crític Arrels, El Garrofer...); el uso de transporte público en detrimento del privado (T-Verda y autobuses urbanos eléctricos de TMB...); vigilancia del consumo energético en el hogar y en el trabajo (Grup Simon, Boquet, Invall...); reciclaje de residuos domésticos (recogida a domicilio, contenedores especializados...); reducción de derroche alimenticio (Too Good to Go); eliminación de uso indiscriminado de plástico de un solo uso (GM Food, Papelmatic...); conciencia alimentaria (MyRealFood, Yuca...) y reducción de la ingesta de ciertos condimentos como el aceite de palma, los azúcares, los productos procesados, los ácidos grasos saturados, etc.

  • Innovación y financiación

Benjamin Franklin aseguraba que invertir en conocimiento produce siempre los mejores beneficios. Es la idea en la que se basa la inversión de impacto, que busca un impacto social o medioambiental medible, además de un retorno financiero. Cada vez hay más fondos de inversión y otros instrumentos financieros orientados a este tipo de inversión y que reciben la atención de los inversores profesionales e individuales con el objetivo de que sus inversiones ayuden a mejorar el planeta, más allá de la mera rentabilidad financiera.

Según el 2020 Annual Impact Investor Survey, de la organización Global Impact Investing Network, el importe total gestionado en 2019 por distintos vehículos de inversión (hasta 1.720 organizaciones) logró los 715.000 millones de dólares. Ejemplos de organizaciones locales ligadas a este tipo de inversión son Ship2B Ventures, eCrowd y Impact Partners Ibérica. En España, según Ship2B, la cifra supera los 2.000 millones de euros.

ODS Susana Domingo