Ética y mercado en tiempos de pandemia

Salvador Estapé
Profesor de la UPF Barcelona School of Management
Vicedecano de profesorado

¿Es cuestionable que ante una situación de emergencia económica y sanitaria determinados sectores saquen partido a costa de otros? ¿Deberíamos indignarnos ante esta sensación de injusticia? 

Estos días asistimos a un intenso debate sobre las diferentes medidas que propone, o debería proponer, el gobierno español para hacer frente a la situación de emergencia económica en el que se encuentran determinados sectores y colectivos de personas. Condonar o aplazar el pago de los alquileres, aplicar moratoria del pago de cuotas de la seguridad social para autónomos pero dejando fuera el resto de cargas tributarias, etc. Asistimos perplejos e impotentes al cierre de empresas, a un acelerado incremento del paro, etc.

Sin embargo, hay determinados sectores que a pesar del momento tan difícil, siguen operando y trabajando, obteniendo más ganancias que antes. O, incluso, hay quien con beneficios recibe millones de euros a fondo perdido por parte del estado. ¿Es cuestionable que ante una situación de emergencia económica y sanitaria determinados sectores saquen partido a costa de otros? ¿Deberíamos indignarnos ante esta sensación de injusticia?

Michael J Sandel, en uno de sus libros, hace referencia al debate que se produjo en EEUU a raíz del paso del huracán Charly. En 2004, el huracán, tras su paso por las costas de Florida, dejó, además de la pérdida de vidas humanas y elevados daños económicos, una discusión sobre "precios abusivos". En efecto, ante la desesperación de la población por la falta de abastecimiento de determinados productos, hubo quien se aprovechó de la situación subiendo de forma "abusiva" los precios (1).

Este tipo de cuestiones que se plantean en situaciones extremas, giran en torno a tres ideas: maximizar el bienestar, respetar la libertad y promover la virtud.

El autor nos cuenta que este tipo de cuestiones que se plantean en situaciones extremas, giran en torno a tres ideas: maximizar el bienestar, respetar la libertad y promover la virtud. El debate sobre cómo actuar en momentos de emergencia para mitigar el sufrimiento de parte de la población, a costa de la pérdida de ganancias de algunos, no se refiere sólo al bienestar y la libertad, sino también a la virtud. La virtud entendida como el cultivo de las cualidades que corresponden a una buena sociedad. El argumento de la virtud se basa en un juicio. Pero ¿quien juzga que es virtud y qué no? ¿No es peligroso imponer juicios relativos a la virtud por medio de leyes? ¿Debe ser el Estado neutro? ¿Una sociedad justa debe perseguir el fomento de la virtud de sus ciudadanos? ¿O es mejor que los ciudadanos en su conjunto tengan libertad de elegir cómo quieren vivir?

Preguntarse si una sociedad es justa, nos dice Sandel, es preguntarse por cómo distribuye las cosas que aprecia: ingresos y patrimonios, deberes y derechos, poderes y oportunidades.

Preguntarse si una sociedad es justa, nos dice Sandel, es preguntarse por cómo distribuye las cosas que aprecia: ingresos y patrimonios, deberes y derechos, poderes y oportunidades. Pero ¿cómo se destruye y en base a qué? La justicia se percibe de diferente forma según los ideales de bienestar, libertad o virtud. Cada uno de estos ideales sugiere una forma diferente de concebir la justicia.

  • La justicia utilitarista. Se trata de cómo y por qué hemos de maximizar el bienestar, o dicho de otro modo, cómo y por qué tenemos que buscar la mayor felicidad para el mayor número de personas. En sociedades de mercado como la nuestra una parte importante del debate gira en torno a cómo se podría aumentar la prosperidad, mejorar nuestro nivel de vida, estimular el crecimiento. La prosperidad nos importa porque contribuye a nuestro bienestar.
  • La justicia a partir de la libertad. Aquí caben diferentes posturas, algunas incluso rivales, como por ejemplo: "laissez-faire" versus equidad. Los defensores del "laissez-faire" son los libertarios defensores del libre mercado, que creen que la justicia consiste en respetar la libertad de elección. La de la equidad la defienden, en cambio, los teóricos igualitarios que sostienen que los mercados sin restricciones ni son justos, ni son libres. Para éstos, la justicia requiere políticas que pongan remedio a las desventajas sociales y económicos y den a todos equitativamente oportunidades para triunfar.
  • Hay, sin embargo, una tercera forma representada por aquellas teorías que ven la justicia asociada a la virtud y una vida buena. Aquí podemos situar a Michael Sandel, y otros autores como Charles Taylor o Amitai Etzioni. Según esta corriente hay que preguntarse cómo podemos imaginar una política que se tome en serio las cuestiones éticas y morales y que las aplique para dirimir sobre las dificultades económicas y cívicas. ¿Como sería esta nueva política del bien común? Sandel destaca algunos puntos.

En primer lugar, habría que contar con un intenso sentimiento comunitario, es decir, se debería encontrar una forma de cultivar en los ciudadanos una preocupación por el conjunto y una dedicación al bien común. En segundo lugar, cabe preguntarse qué normas ajenas al mercado queremos proteger de la intromisión de este. Como nos recuerda Sandel, regir una actividad social según el mercado puede corromper o degradar las normas que la definen(2). Finalmente, hay que luchar contra una brecha excesiva entre ricos y pobres ya que socava la solidaridad que la ciudadanía democrática requiere. El aumento de la desigualdad, lleva a ricos y pobres a vivir vidas cada vez más separadas. Como consecuencia del vaciado de la esfera pública desaparece la solidaridad y el sentimiento comunitario de los que depende la ciudadanía democrática. En definitiva, la desigualdad corrompe las virtudes cívicas. La solución para evitar la erosión de la vida pública es la reconstrucción de la infraestructura de la vida cívica.

Habría que contar con un intenso sentimiento comunitario, es decir, se debería encontrar una forma de cultivar en los ciudadanos una preocupación por el conjunto y una dedicación al bien común.

Termino volviendo a hacer referencia a la situación actual del Covid-19. Esta crisis parece dejar claro que perseguir un interés propio no es suficiente. Si pensamos así, entonces ponemos en riesgo el bienestar de la sociedad. Debemos desafiar la idea utilitarista que todo el mundo sólo está persiguiendo su felicidad como individuos. Cuando convivimos en sociedad, dependemos unos de otros. Y de ahí que tengamos obligaciones unos con otros. Y esto también tiene implicaciones en el ámbito económico. Por lo tanto, tendremos que encontrar nuevos mecanismos de redistribución de aquellos ganancias extraordinarias obtenidas por algunos gracias a unos "ingresos generados por la desgracia".

1) Sandel, Michael J., Justice: What’s The RIght Thing To Do  (NY, 2009) 

2) Sandel, Michael J., What Money Can’t Buy: The Moral Limits of Markets (NY, 2012)
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