Ante la pandemia informativa, consumo responsable


Carles Pont

Director del Máster en Comunicación Política e Institucional en la UPF Barcelona School of Management

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Hay tres factores, muy relacionados entre sí, que hacen diferente la emergencia del Covid-19: la globalización, la aceleración y la sobreabundancia informativa, aquejada a menudo por noticias falsas. .

La crisis del coronavirus ha planteado un reto sanitario, político, social y económico colosal. Las personas que hemos vivido esta experiencia la recordaremos el resto de nuestras vidas. La humanidad ha pasado crisis semejantes, incluso peores. Sin embargo, hay tres factores, muy relacionados entre sí, que hacen diferente la emergencia del Covid-19: la globalización, la aceleración y la sobreabundancia informativa, aquejada a menudo por noticias falsas. 

En cuanto a la globalización, esta crisis nos vuelve a recordar el paradigma de la sociedad del riesgo, descrito por el sociólogo alemán Ulrich Beck. Según Beck, la globalización incrementa tanto el conocimiento público del riesgo percibido como el desconocimiento científico del riesgo real. Esto quiere decir que mientras los ciudadanos reciben cantidad ingente de información y se creen conocedores de los hechos, el Estado, y sobre todo, la ciencia, tiene aún pocas certezas acerca del riesgo real de la crisis.

La divulgación inmediata de información nos conecta con la segunda parte de la tríada diferenciadora de la crisis del Covid-19 respecto a otras emergencias anteriores: la aceleración. Las aplicaciones de mensajería instantánea (WhatsApp, Telegram...), y los social media (Twitter, Facebook o Instagram…) permiten la transmisión de noticias por diferentes formatos de la emergencia sanitaria global en cuestión de segundos. Una divulgación acelerada que ha generado un apabullante flujo informativo difícilmente contrastable. Y esta falta de comprobación, enlaza con el último ingrediente singular de esta crisis: la información falsa (fake news).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la crisis del Coronavirus está acompañada de una sobreabundancia de información, mucha imprecisa, o directamente falsa, hasta el punto de que la OMS la ha bautizado como una infodemia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la crisis del Coronavirus está acompañada de una sobreabundancia de información, mucha imprecisa, o directamente falsa, hasta el punto de que la OMS la ha bautizado como una infodemia. Por su parte, el European External Action Service (EEAS) ha identificado diferentes fake news: a) El virus es un arma biológica de China, de Estados Unidos o, incluso, de Rusia (con el objetivo de destruir la UE y la OTAN); b) El Covid-19 está vinculado a Wuhan como campo de pruebas de la telefonía 5G; c) El Coronavirus ha sido causado por migrantes que llegan a la Unión Europea; d) La pandemia es un engaño; no existe. Éstas son solo algunas de las noticias propagadas, pero la cantidad de bulos es ingente.

Buenos medios, mejor democracia

La principal lección que nos ha dejado esta crisis, en cuanto a la comunicación se refiere, es que la información de calidad es extraordinariamente valiosa para los sistemas democráticos. La ciudadanía ante riesgos significativos como la pandemia del Covid-19 quiere ser atendida. Es decir, quiere que se le facilite el peso de decisiones tan simples como si puede, o no, salir de casa; si debe comprar cierta comida; o si es seguro usar determinados medios de transporte… Este proceso de racionalización, según se desprende de múltiples y celebradas investigaciones en el ámbito de la comunicación de crisis, obliga a los gobiernos, pero también a los medios de comunicación, a extraer interpretaciones y fuentes diversas de información. Por tanto, la responsabilidad de los medios de comunicación ante estas situaciones de grandes crisis ya no solo es informar con rigor, sino también combatir las noticias inexactas.

El consumo de noticias en momentos de emergencias se dispara. La crisis del Covid-19, como otras tantas crisis, ha mostrado que los ciudadanos confían en los medios tradicionales o legacy media.

La crisis del Covid-19, como otras tantas crisis, ha mostrado que los ciudadanos confían en los medios tradicionales o legacy media. Los datos de audiencia demuestran que han tenido gran seguimiento, especialmente los canales de televisión. Se sabía, a partir de múltiples investigaciones sobre crisis acaecidas los últimos años, que el consumo de noticias en momentos de emergencias se dispara. Lo novedoso de la crisis actual es que los grados de confianza en los medios tradicionales parece haber aumentado. Ante esta conclusión, estos medios deberían tomar buena nota de la oportunidad que ofrece el Covid-19 y profundizar en la comprobación, el contraste y, si cabe, el desmentido, de determinadas informaciones mediante el fact-checking. La ciudadanía lo reclama.

Los periodistas tienen la oportunidad evitar la alarma social; de rehuir la politización de la información y; de facilitar la cooperación y los espacios de debate. Pero solo con mejor periodismo no basta para acabar con la desinformación.

Una dieta mediática saludable

Los ciudadanos son también responsables de la difusión de información poco fiable. A menudo recibimos, per múltiples canales, noticias de fuente desconocida y, sin siquiera leerlas, las compartimos con nuestros contactos con alarmante rapidez. Este acto también contribuye sobremanera a la propagación de la información poco exacta. Por tanto, la primera recomendación es desconfiar de las informaciones sin fuente o origen conocido.

Para evitar una sobrexposición informativa ante crisis como la del Covid-19 es aconsejable informase haciendo un uso racional y limitado de las redes sociales y, especialmente, de las aplicaciones de mensajería instantánea. Es preferible buscar un conjunto de medios de comunicación de confianza, públicos o privados, pero con variedad ideológica y múltiples fuentes. Y, finalmente, mantener cierta dieta de información. Es decir, no abusar de la conexión permanente, sino acceder a las noticias, sea por plataformas, mensajería o medios convencionales, no más de cuatro veces al día. Más o menos las veces que ingerimos alimentos.

La pandemia informativa ha demostrado la vigencia y la necesidad del buen periodismo, pero también traslada a la ciudadanía la responsabilidad de estar bien documentada a diario para exigir más y mejor a sus líderes políticos. Informarse adecuadamente no es fácil, requiere constancia y determinación, igual que la necesita quien quiere mantener una buena dieta. La calidad de un sistema democrático depende de la profesionalidad de sus medios de comunicación, pero también del compromiso crítico de los ciudadanos y del consumo responsable de noticias.

 

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