Pensamiento único y fusiones bancarias

Marcos Eguiguren


Marcos Eguiguren Huerta
Profesor de Finanzas y Administración Empresarial en la UPF-BSM

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El sector financiero ha sido afectado por el pensamiento único y, en el caso de España, se mueve aceleradamente hacía una nueva ola de fusiones.

Es curioso que, en situaciones de elevada complejidad como la que vivimos actualmente, en lugar de observar en los medios y en las redes sociales un debate intenso, plural y profundo sobre los retos que afronta nuestra sociedad y la forma de abordarlos, observamos –con honrosas excepciones– un diálogo de sordos entre posiciones encontradas o, lo que es peor, que nos tengamos que tragar un tedioso monólogo oficialista apoyado por un poderoso ejército mediático y amparado en una incipiente estupidez de rebaño que, a diferencia del lento ritmo de crecimiento de la tan deseada inmunidad de rebaño para frenar la pandemia, se está acelerando sorprendentemente. 

Siempre pensé que este tipo de situaciones podían darse en el campo del análisis sociológico o de la política, pero jamás se me ocurrió pensar que conceptos tan peligrosos como el pensamiento único podrían llegar al ámbito de los negocios y, en particular, al Sancta Sanctorum de la banca

El pensamiento único ha llegado al sector financiero

Pero es así. También el sector financiero ha sido afectado por el pensamiento único y, en el caso de España, se mueve aceleradamente hacia una nueva ola de fusiones. No mencionaré nombres, pero ya saben a lo que me refiero. Una gran fusión ha sido ya anunciada, otras dos operaciones de cierto calado están en la cocina y tal vez tengamos alguna sorpresa más. 

Si con cifras finales de 2018, las cinco mayores entidades financieras de nuestro país ya absorbían el 68,5% de activos del sistema bancario (43% en Francia, 42% en Italia y 24% en Alemania), ¿cuál será el nivel de concentración tras esa nueva ola de fusiones? Con gran seguridad se encontrará entre el 85% y el 90%. Pero no se preocupe. Dicen los gurús que saben de estas cosas, los expertos del Banco de España y los altos directivos de algunas entidades, que ese es el único camino para el fortalecimiento de las entidades y que es lo mejor para el sector. Y lo repiten una y otra vez, de diversas formas, en foros distintos, machacando los mismos argumentos ante públicos diferentes. Y, a su manera, se ven respaldados por el Banco Central Europeo que también aboga por las concentraciones, aunque ellos preferirían que fuera a nivel europeo, cosa no sencilla

Y a fuerza de repetirlo, se va creando un pensamiento único que, como en todos los aspectos de la vida, impide ver más allá de lo obvio, ahoga los matices y empobrece el análisis. 

Nadie hace referencia a las "nonergias"

Lo sabemos todos. En momentos de crisis como el actual, una fusión –sobre todo si está bien meditada y entre dos entidades con complementariedades– puede conllevar ahorros de costes de estructura, la racionalización de la red de oficinas, el refuerzo del posicionamiento en el mercado y un sinfín de etcéteras. Puede, o no, dependerá de cada caso en particular, reforzar las ratios de Core Capital de la entidad resultante e, hipotéticamente, permitir que la nueva entidad aborde en mejores condiciones potenciales problemas de morosidad. Hablamos de las bien conocidas sinergias. 

Las "nonergias" son una realidad indiscutible en las fusiones bancarias: choques de cultura, luchas de poder, problemas de posicionamiento, solapes no identificados, problemas tecnológicos y una larga lista

Pero de lo que nadie suele hablar –y es algo que aprendí de un buen amigo mío– es de las "nonergias", especialmente importantes cuando hay operaciones de integración en sectores muy maduros. 

He vivido diferentes fusiones y he de reconocer que las "nonergias" son una realidad indiscutible: choques de cultura, luchas de poder, problemas de posicionamiento, solapes no identificados, problemas tecnológicos y una larga lista de potencias "nonergias" hacen que la vida del equipo directivo que ha de pilotar una fusión sea de todo menos grata. 

El papel lo aguanta todo y la cuantificación de los ahorros y las mejoras de posicionamiento que se derivan de las sinergias es a lo primero a lo que se dedican los analistas que intentan estimar la viabilidad financiera de las fusiones. Jamás cuantificarán las "nonergias" aunque sí que llevarán a cabo análisis de escenarios que pretenden acercarse a aquello de "qué pasa si no hemos acertado en nuestras previsiones". Pero las "nonergias", créanme, suelen ser peores de lo que nos pueda revelar cualquier análisis de escenarios. 

Las fusiones bancarias no son positivas para la sociedad

Total, que las fusiones en el sector bancario no son siempre el agua bendita que todo lo cura, muy a pesar de los mantras del pensamiento único. Pero si al menos fueran positivas para la sociedad...

A veces escucho con cierta perplejidad que ya hay un alto grado de competencia en la banca española y que ello da margen para que continúe la consolidación del sector. Pero ¿hasta cuándo? ¿De verdad hay alguien que cree que cuando tengamos cerca del 90% de los activos del sector en manos de cinco grandes entidades, va a haber más competencia, más transparencia en los precios o más innovación y calidad de servicio? Yo, personalmente, no lo creo. El servicio irá a peor, los precios serán comparativamente más elevados y pueden existir problemas de inclusión financiera. 

¿De verdad hay alguien que crea que cuando tengamos cerca del 90% de los activos del sector en manos de cinco grandes entidades, va a haber más competencia, más transparencia en los precios o más innovación y calidad de servicio?

Y, en otro orden de cosas, ¿a caso las fusiones ayudan a que disminuya el perfil de riesgo sistémico de la entidad fusionada? Tal vez eso sea así en un análisis a corto plazo, pero ¿y en el medio y largo plazo cuando la fusión ya se haya consolidado? Lo cierto es que, con el actual grado de concentración, cada nueva fusión añade una nueva entidad sistémica y se incrementa el riesgo sistémico del sector como un todo. Nada bueno para nadie. 

Sin lugar a duda, la banca ha de encontrar otras formas de recuperar la reputación y la rentabilidad y dejar de jugar a la "patada a seguir" optando por la vía de las fusiones. Reputación, diversidad, innovación y digitalización con propósito son las vías para explorar. Los reguladores tienen que modificar sustancialmente su manera de pensar y la forma que tienen de velar por la salud del sector. Hay que abandonar el pensamiento único si no queremos que la ciudadanía quede atrapada, también en el sector financiero, por un oligopolio más. 

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